lunes, 10 de diciembre de 2012

Carousel



El frio aumenta todos los dias, ya llegó la nieve y junto con esta un montón de emociones que todavía no logro desenredar. Es como una mezcla entre mucha alegria contenida, comienzo de cotidianidad, nostalgia, chocolate y pies frios. Bélgica me da algo nuevo todos los dias y eso me gusta, a veces me trata con mano dura y otras veces me libera para que de pasos bajo mi propio riesgo. No es fácil. Nadie dijo que sería. Y me gusta así.
Mis ojos descubren un montón de cosas que no sabía que estaban ahí y, en ocasiones, me dejo llevar por la atmósfera y sonrío en los lugares más inesperados. Muchas veces me ha pasado que mi cerebro deja de oir la música para concentrarse en otras cosas y es entonces cuando consigo que mis dedos bailen de aqui para allá en el teclado y ese peculiar sonidito de los botones inunde la habitación, transportándome a mi hogar y, luego, a ningún lado.
Hay tantas cosas que contar que me cuesta ordenarlas para poder plasmarlas. Y ahora que lo pienso es un poco tonto porque las pocas cosas buenas que he escrito en mi vida son un desorden y nunca me paré a organizarlas con anticipación.
Aún vivo en el bloqueo, ya hizo un año y medio desde la última vez que escribí un guión de principio a fin en una sentada y me sentí satisfecha. Ahora, no importa cuanto intente, ese muro frente a mí no me deja ingresar al mundo de las historias, aquel mundo que me abría siempre sus puertas. Siempre. Y ya no. No más.

¿Por qué?

jueves, 1 de noviembre de 2012

Mañana


Y ahora que me pongo a pensar me pregunto muchas cosas, muchas cosas que pude haber preguntado la noche anterior. La tercera noche. Y la última.
Me condujiste a la habitación de los sillones y el póster de los beatles, acomodaste las cobijas y me ayudaste a dormir. Susurraste cosas en muchos idiomas, besaste mi frente y me contaste tus aventuras. Recorriste mi rostro con tu dedo indice y prometiste muchas cosas. Me abrazaste más fuerte y te quejaste de la vida. Sonreíste en la oscuridad y me contajiaste. Dijiste que yo lo podía todo. Que para finales de noviembre todo sería mejor.
-You had the best year of your life.
-Im having the best years of my life.
Me quedé dormida con tu respiración en mi rostro y tus manos a mi alrededor.
La segunda noche, una semana después, hacía frío. Prendiste el calentador y nos sentamos todos juntos a escucharte mientras contabas la historia de tu familia, de un padre que no te habla, una madre que te olvidó y una hermana que te abandonó. Nos mostraste la fotografía de tu abuelo, el mejor hombre que hay en tu vida. Sacaste los albumes del cajón y nos contaste la historia de cada fotografía. Sonreí mucho.
Me llamaste a tu lado después de un rato y me contaste de Brazil, de tu verdadera familia y de ese año en el que aún sigues viviendo. Me abrazaste y volviste a negarme un beso, dijiste que no estaba bien y yo lo entendí. Pero el ambiente de la noche nos arrastró poco a poco hasta que no tuvimos fuerzas y nos dejamos llevar un poco. Te detuviste y dijiste que era muy difícil. Me abandoné al sueño entre tus brazos.
La siguiente semana y la siguiente y la que vino después de esa... no me hablaste. Los mensajes tuyos a los que ya estaba acostumbrada cesaron y comencé a sentir poco a poco cómo me ignorabas. Me retorcía en duda y frustración. Revisaba el celular y me preguntaba qué cosa había hecho mal.
La tercera noche, hace unas horas, un muchacho de dieciocho años me perseguía y trataba de besarme. Corrí hacia la primera puerta que encontré y salí a la calle, donde te encontré parado. Me miraste con cara de duda y quisiste preguntar algo, pero no te lo permití, te tomé de la mano y te conduje por la calle rápidamente. Sin explicaciones aún así me seguiste. Te dije que huía. Te reíste.
Era un edificio, había papel pegado al suelo anunciando que estaban pintando, era extraño y oscuro. Pero era el único lugar donde podíamos resguardarnos del frío.
-¿You have feelings for me?
Gracias. Dentro de mí te di las gracias por preguntar, por hacer las cosas directas y sin rodeos. Por dejarme ser sincera y por una vez en la vida no tener miedo a responder. Me abrazaste, me explicaste la razón de tu silencio. Dijiste que no querías lastimarme, que no querías entrometerte en mi año, que ibas a dejar de hablarme y que yo tenía que disfrutar al máximo mi momento. Que tú te apartarias, que estabas arruinándome todo. Yo sonreía, asentía, lo entendía. Me quebré por dentro. Todo lo que había sostenido... se quebró.
Esa conversación a oscuras la grabé en mi memoria para no olvidarla nunca, grabé tu sonrisa y tus palabras, tus disculpas y la promesa de que ya no volverias a molestarme, ya no ibas a hablarme como antes y te apartarias. Dijiste que no querias hacer de mi mente un desastre. Pues puedo decirte que ahora está hecha más un desastre de lo que estaba antes de aquella conversación.
Y ahora vengo y lo escribo, para curarme, para dejarlo ir, para respirar y volver a ser la que era antes del 5 de octubre. Para que quede grabada la lección y no se me olvide nunca.

martes, 25 de septiembre de 2012

Fever

Aún no sé si el sentimiento de estar fuera de casa sigue ahí, a veces va y viene, hay dias en los que me abandona por completo. Hay dias en los que se queda aquí a pasar la semana. Casi siempre llega cuando amanece.
No todo se siente como una aventura, aún me parece que estoy en una clase de hipnosis. Pienso en la persona que se encontraba sentada en la cocina de su casa, llenando una enorme solicitud, estresada tratando de conseguir los papeles requeridos. Entonces esta persona respira profundo y se dice a si misma “Voy a irme, VOY A IRME“ y continua llenando esa complicada solicitud. Ella lo dijo sin pensar, en realidad ni siquiera estaba razonando del todo, solo hacía lo que lo que dictaba el instinto. Y hasta hoy, no sé qué estoy haciendo. Pero ya dejó de importarme, ya camino sin cadenas. Ya no me pesan tanto las decisiones. Ya soy feliz. Y pienso mucho en esa noche, la noche en la que le ordené al universo que me dejara cruzar el océano para llegar aqui. Moví las piezas a mi favor e hice que sucediera. Yo inicié la jugada. Nadie más. Y lo hice sin pensar. Pero, tal vez, las mejores cosas de esta vida se hacen sin pensar. Tampoco se hacen con el corazón, o con el alma, o con fe. Las mejores cosas de esta vida ya existen, solo hay que saber encontrarlas.

Y hasta hora solo ha pasado un mes y dos dias desde que crucé la puerta de mi casa, dejé que Molly me lamiera el rostro y me encaminé hacia el auto que esperaba en la calle. Hasta ahora solo ha sido un mes y dos dias desde que despedí a mi mamá con lágrimas ahogadas en los ojos y me subí a un avión. Hasta ahora solo ha sido un mes y dos dias desde que vi México por la ventana, guardé la imagen de la noche en mi mente y me despedí con ternura de mi tierra.
¿Qué es un mes y dos dias? Suena a mucho. No es nada. ¿Qué es un año? No es nada.
Por eso, al poco tiempo sacarle provecho.
Voy a vivir mi pequeña aventura.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Take me home, country roads

“Con las botas color rojo que acababan de obsequiarme, escogí un camino al azar y comencé la caminata que esperaba me llevara tan lejos que estaría lo suficientemente cerca de mi hogar“


Hoy fue un día despejado. Despejado dentro mi mente, porque en realidad los cielos estuvieron nublados y la lluvia y el viento se encontraron presentes el día entero.
No, no me molesta el clima. Hasta ahora me gusta, aunque sea frio, para mí no tiene pinta de ser gris.
Hoy me encontré a mí misma caminando con una sonrisa, cantando sin importarme nada. La escuela había sido aburrida, el camión se había ido sin mí, después llovió y el viento me enredó el cabello. Hacía mucho frío y traía poco dinero.
Llegué feliz a casa, cené con gusto y después reposé en la mesa, con mis padres adoptivos, a ver la lluvia a través del ventanal y escuchar una canción muy reconfortante en la radio. Sonreí, no para mis adentros, si no hacía afuera. Y les dije que me encontraba contenta. Sonrieron también y agradecieron mi comentario. Seguí sonriendo. Les dije que el clima me gustaba. Me dijeron que querían ver si volvía a decir lo mismo en Diciembre.


domingo, 16 de septiembre de 2012

“... y los envíe no a gozar de los bienes temporales, mas a sostener grandes combates; no a buscar honores, sino desprecios; no a vivir en el ocio, sino a trabajar; no al descanso, sino a recoger grandes frutos de paciencia. Acuérdate, hijo mio, de estas palabras“

Las únicas veces que había abierto una biblia era en las clases de Religión en la primaria, las sostuve el día de mi primera comunión y directamente después fue a parar al librero que cuelga de la pared de mi cuarto.
Antes de partir, mi abuela me regaló un pequeño librito, tan pequeño que cabe en la cartera. Recordaba haberlo visto varias veces en su mesita de noche pero al descubrir que eran pequeños pasajes de la biblia, no le presté interés. Ahora ella me lo regalaba, junto con una moneda de colección con mi nombre grabado y el año de mi nacimiento (la cual mandó a grabar cuando nací). Me dijo “Es muy sabio, llevatelo“ y en la primera página escribió una dedicación con su letra cursiva “Vale: este libro es un “pequeño gigante“ en sabiduria. Consulta un párrafo todos los dias. Te amo, tu abi“
No le di importancia, lo metí en la mochila de la computadora con desinterés y seguí empacando. Hoy, tres semanas y dos dias después de que llegué a este pais, me encontraba recostada en mi cama sin ganas de salir o de hacer cualquier cosa que implicara levantarme. Con muchos miedos e inseguridades, con cansancio, con ocio. Con unos padres adoptivos en la planta de abajo esperando a que me ponga de pie y salgamos a hacer cosas productivas. Para ellos la palabra descanso no existe.
Entonces abrí la maleta de mi computadora, no recordaba qué había metido ahí exactamente, encontré papeles, una pluma, unos chicles... y el librito. Lo abrí por ocio y recordé que mi abuela me dijo que siempre abriera una hoja al azar y leyera lo primero que mis ojos encontraran. Me reí “eso nunca funciona, siempre salen cosas que ni al caso“ pero igual, abrí el librito en una hoja al azar y leí las palabras que aparecían delante. Me había encontrado con un párrafo que pareciera estaba escrito para mí, destinado a que solo yo lo leyerá. Me sorprendí. Lo comprendí. Me sentí un poco mal.
No sé si creo en el azar, pero no importa.

martes, 11 de septiembre de 2012

Life is beautiful

Ya está oscuro. Y un poco borroso por las lágrimas de cocodrilo que se me escaparon de las ventanas. Fue un día muy extraño, un cumpleaños muy diferente. No fue malo. No. Pero si fue un poco pesado. Muchas veces sonreí a fuerzas, en muchos momentos sentía una nostalgia enorme y la ocultaba, fingia estar bien. No me gusta que mi familia me vea con esos ojos de “ah pobrecita, extraña su casa“ me tengan lastima y digan “es normal, a todos les pasa“ y me vean con cara de perrito. No. Siempre tengo la frente en alto y finjo que soy totalmente feliz. Asi me evito preocuparlos.

Recibí una llamada temprano de mi mamá, me cambié, hice el intento por peinarme y bajé lentamente las escaleras. En el comedor me esperaban Nico y Femke con unos panes (para variar) rellenos de chocolate y una tarjeta. Me dieron tres besos cada uno (Asi es la costumbre en ocasiones especiales) armé mi lunch y Nico me dijo que por hoy no tenía que tomar el camión, que él podia llevarme a la escuela.
La escuela fue lo mismo, aburrida y monótona. Hoy mis compañeros me dirigieron un poco más la palabra, la clase de deportes fue bastante pesada y luego a diseñar sitios web en la clase de multimedia. Odio el html.

Los últimos dias habian sido soleados y perfectos, hoy llovió y el cielo estuvo nublado todo el día. Las calles estaban vacías cuando iba de camino a casa. Con el cuerpo tembloroso y los sentimientos ocultos, bajé del autobus y caminé lo más lento que pude. Como siempre cerrando los ojos, sintiendo el aire en la cara e imaginando que estoy en otro lado.
La tristeza me ha llegado poco a poco, tal vez porque la he ido sacando de pedacito a pedacito o porque mi mente aún no lo asimila bien. Pero fue este fin de semana cuando de verdad caí en la cuenta y me sentí más sola que nunca. A partir de la primera noche que soñé con México y al despertarme pensé que estaba en el cuarto de mi mamá. Al día siguiente volví a soñar con México y al despertarme olvidé donde estaba y me asusté como nunca.
Ya sé que es tonto, extrañar cuando sé que voy a regresar. Pero no es fácil, suena fácil, no lo es. De ningún modo.
No tener un amigo con quien ir a tomar un cafe para contarle tus problemas es lo que hace las cosas más dificiles. Tengo a mis amigos del comité, los cuales son bastante lindos, pero no viven en esta misma ciudad.

Regina me escribió el día de hoy, deseándome feliz cumpleaños y haciendome recordar todos esos momentos que hemos vivido juntas desde que éramos chicas. Ella es la culpable de que un rio rápido se me escapara por los ojos.

De verdad que he valorado tantas cosas. Ahora me doy cuenta de mucho. Ni siquiera llevo un mes aqui y ya me estoy dando cuenta de la maravillosa vida que he tenido, de la familia tan increíble que me tocó, de la ciudad tan preciosa en donde nací, los amigos tan geniales que me encontré en el camino. He entendido tanto. Y aún me falta mucho, muchisimo por entender.




viernes, 31 de agosto de 2012

Odié el avión, fue terrible. La comida sabía a papel de periódico y la española de al lado se paró toda la noche al baño, despertándome para que me parara y la dejara pasar.
Después esperamos en Frankfurt unas horas para abordar el avión que nos llevaría a Bruselas. Gracias a dios encontramos la puerta de salida y ahí estaban los de AFS esperándonos en el aeropuerto de Bruselas.
El campamento en Leuven fue increíble, hice muchos amigos y me fui quitando el miedo muy rápido. Los voluntarios de afs que son algunos de nuestra edad y otros algo mayores, eran bastante lindos y divertidos. Todo iba bien hasta que llegó el día de conocer a las familias.
Estaba bastante nerviosa el primer día, no sabía cómo actuar o qué decir. Pero la confianza llegó bastante rápido, me quité la pena y el nervio y empecé conversación con el mejor inglés que pude. Nico manejaba el auto desde Brujas, donde tuvimos el coctel, bailamos el baile belga y nos presentamos en holandés, hasta Kortrijk, nuestro hogar. Al llegar cargamos mis cosas hasta mi recámara donde me llevé una sorpresa al encontrar un cuadro y un póster de los Beatles y un portaretratos en forma de claqueta. Me enamoré de mi cuarto desde el primer instante.
Platicamos un poco y luego me dejaron sola para que me acomodara, hablé con mi mamá y después bajé a dar las buenas noches. Ellos estaban viendo televisión. Yo estaba demasiado cansada. Tardé un buen rato en dormirme, abrazando el pitufo que acababan de regalarme el cual carga un letrero en el que se lee “Welkom Valeria“, pero una vez que me hube dormido no me desperté hasta las 8:30 que sonó mi alarma.
Esa mañana Femke o mi mamá ahora (Siento un poco extraño decirle “mom“), me llevó a que conociera la estación del tren y el centro comercial, que es enorme y son varias calles llenas de tiendas, bares y cafes con espacios al aire libre. Muy diferente y más bonito a los centros comerciales que suelo frecuentar. Compré un celular y después fuimos a la oficina de la ciudad a que me registrara como residente. En uno de estos dias vendrá un policia a revisar que si vivia aqui y como en un plazo de tres meses recibiré mi identificación oficial.
Acompañé a Femke al súper y también fuimos al banco. Casi todo fue a pie, pues todo está taaan cerca de mi casa.
La ciudad me gusta muchísimo, es bastante bonita y pintoresca. Tiene todo lo necesario y está cerca de todo.
Ahora lo que me pone bastante nerviosa es la escuela, no puedo dejar de pensar en eso. No me gustan las escuelas nuevas, odio los primeros dias de clases. Y ahora es en otro pais, con otro idioma, otro reglamento, horario y compañeros diferentes.
También está el otro conflicto, debo irme en bici a la escuela diario y eso me preocupa. Desde que me robaron mi bici hace unos años nunca volvi a subirme a una y la última vez que lo hice descubrí que se me había olvidado cómo andar. Hace un rato traté de subirme pero me asusté y me caí. No sé cómo le voy a hacer. Y tan genial que es andar en bici, recuerdo que iba con mi papá a un parque en Guadalajara todos los domingos, nos quedábamos ahí todo el día y era muy divertido.
El idioma me asusta mucho, está muy complicada la pronunciación y al escucharlo siento que todos me ladran.
Ayer salí a caminar sola por primera vez, fui a la estación de tren y paseé por las casas y las tiendas que hay por aqui.
Ahora estoy sola en la casa, Femke y Nico están trabajando. Femke volverá como a las 12 para que comamos el Lunch (porque si, otra cosa, los horarios de comidas son muy diferentes y comem pan todo el día) y no sé qué haremos después, pero en la tarde iremos en tren a la ciudad de los papas de Nico (mis otros abuelos) porque me falta conocerlos a ellos.
El Sábado iré con Zeynep (una chica de Turquía) al centro comercial y en la noche tenemos una fiesta con todos los estudiantes que viven en esta zona, también se incluyen los voluntarios.
No he extrañado nada todavía, no me han llegado esos sentimientos de tristeza de los que todos hablan. Me siento bastante bien en realidad. Tal vez lo único que extraño es el sentimiento de comodidad del hogar, ese sentimiento de hacer las cosas cotidianas y saberte en tu espacio sin miedo a cometer errores.

Y el lunes a clases. Voy a tirarme por la ventana. Bye.





martes, 14 de agosto de 2012

Mi intención era escribir sobre otro tema. Pero no quiso salir del baúl.


David Martin dice que para tener inspiración hay que sentar el trasero en la silla y escribir hasta que a uno le sangren los dedos. O algo por el estilo.
No suelo confiar mucho en este hombre pero a uno no le queda más que confiar unicamente en los personajes de los libros pues, a mi parecer, creo que son los únicos sinceros aqui. O tal vez los más mentirosos.
Me sujeto con cadenas a las páginas cubiertas de tinta y en esa cárcel me siento libre. Porque de rejas y barrotes no tienen un pelo. Solo horizontes con un millón y medio de posibilidades. Es por eso que son el boleto de viaje más barato y, bueno, por otro lado no tengo que abordar un avión y cerrar los ojos hasta que esté en tierra. Las alturas me aterran.
Uno no puede evitar aceptar que, de alguna manera, los libros físicos son los más atractivos. Eso de pasar las hojas con los dedos rápidamente porque si no atrapas la historia se te escapa y ya no sabes cómo fue que terminó. Personalmente me gusta mucho el sonido del papel, me gusta la sensación de tener un libro en la mano aunque no lo esté leyendo las 24 horas del día. Es como ir de la mano con un amigo. Sientes la cubierta y te da ese no sé qué que te sostiene para que no te ahogues en las aguas peligrosas donde uno anda a veces.
Tal vez si David leyera esto se aburriría y me pediría un café porque no cree poder permanecer mucho tiempo despierto. O tal vez lo dejaría y diría algo así como “Vas por buen camino“ lo cual, como él mismo dice, es una manera de decir que es horrible y no sirve ni para limpiar los ventanales de la casa de la torre.




lunes, 23 de julio de 2012

Un mes, 32 dias, 760 horas... y para qué sigo calculando el tiempo. Tiempo, tiempo, tiempo... No te pases. Pero si, mejor si.


¿Se llamaba Julia? Creo que si. La muchacha de cabello corto que se reía en la esquina de la calle de esa ciudad que no conocía. Se reía mucho. Y sus tenis. Una simplemente no puede olvidar esos tenis que golpeaban el suelo como un tamborsillo, de esos que no se coordinan el derecho con el izquierdo ni el izquierdo con el derecho.
Todos disfrutaban del sol, el sol que para ellos era una esfera tremendamente calurosa y que para ella tan solo era un patético intento de calor en ese frío día de verano.
Pasos, pasos, pasos. Para. Pasos, pasos, pasos. Para. Ríe de nuevo. No puede dejar de sonreír.