lunes, 23 de julio de 2012

Un mes, 32 dias, 760 horas... y para qué sigo calculando el tiempo. Tiempo, tiempo, tiempo... No te pases. Pero si, mejor si.


¿Se llamaba Julia? Creo que si. La muchacha de cabello corto que se reía en la esquina de la calle de esa ciudad que no conocía. Se reía mucho. Y sus tenis. Una simplemente no puede olvidar esos tenis que golpeaban el suelo como un tamborsillo, de esos que no se coordinan el derecho con el izquierdo ni el izquierdo con el derecho.
Todos disfrutaban del sol, el sol que para ellos era una esfera tremendamente calurosa y que para ella tan solo era un patético intento de calor en ese frío día de verano.
Pasos, pasos, pasos. Para. Pasos, pasos, pasos. Para. Ríe de nuevo. No puede dejar de sonreír.

miércoles, 13 de junio de 2012

Something

¿Te digo algo? Hoy es el día en que vamos a dejar de jugar a las cartas de amor hechas a media clase. Hoy es el día en que vamos a dejar de sonreír tímidamente y fingir que la vida sigue su curso sin ningún cambio. Hoy te prometo que le voy a dar fin a eso.
Hoy me prometo que voy a cerrarle la puerta en la cara al interminable juego de miradas que no nos lleva a ningún lugar. Lindo era estar ahí cuando no había necesidad, pero todo tiene su límite. No vamos a vivir ahí por siempre. Te lo prometo.

No sonríes por mí. Sonríes por la música. La música que nos recorre las venas. Y no podemos evitar sonreír. Ni tú. Ni yo.
La adrenalina nos come por dentro y no queremos irnos nunca. No queremos que termine. No quiero que termines. Estás ahí sometido en un mundo al que no me dejas entrar. Estoy sometida en un mundo al que quiero dejarte entrar.

No es que te mire los labios mientras hablas, no es que me guste realmente, pero es la sensación de besarte con la mirada.
Estúpido ya lo sé.

No tengo intenciones de dejarte nunca. Y cuando te vas deseo que pares y te des la vuelta. Pero debo admitir que, en ocasiones, deseo que no vuelvas a aparecerte por aqui. Porque entonces empezará esa guerra interna entre hacer o no hacer, decir o no decir, actuar o no actuar, mirar o no mirar, huir o no huir.

Déjame hacerte una pregunta ¿Te haces el distraído o de verdad eres un idiota?

Ahora he tenido que dedicar una libreta al titulo “Things I wish I'd said“

Aún no comprendes el significado de Let me roll it. ¿O me equivoco?

No sigas leyendo. Se vuelve aún más abrumador.

Se han agotado las indirectas. Te las agotaste. Incluso te agotaste también las oportunidades, por pensar tanto o por no pensar simplemente. Es eso tal vez. Que no lo haz pensado. Ni siquiera quieres pensarlo.

¿Quieres que continúe? Haré caso omiso a tu respuesta.

Me encanta la forma en que finges distraerte. Oh si. Pero detesto la manera en que lo haces como si te pagaran por ello.

Vivo en el sueño imposible de bailar en la oscuridad de algún lugar que conozco y que ya nadie descubra nada. Y nos quedemos ahí por siempre. Viviendo el c moon por siempre.

Cuestionario.
¿Sueñas?
¿Piensas mucho?
¿Sientes mucho?
¿Te ilusionas?
¿Qué buscas?
¿Qué encuentras?

Y la pregunta del millón.
¿Que haz estado buscando todo este tiempo?


No, en realidad no creo estar tan demente.
¿Quieres saber qué quiero yo?
Te voy a dejar con la duda. Porque ahí he vivido todo este tiempo. Y quiero que me acompañes.

viernes, 4 de mayo de 2012

Let me roll it

Voy en el auto café que compré en una barata cerca de un lugar cuyo nombre ya olvidé. La carretera se alza mentirosa y burlona frente a mí, así como prometedora y atractiva. Toda una embustera. El volante se siente invisible bajo mis manos tal vez de tanto rato sosteniendolo con fuerza, mis dedos solo esperan el momento en el que decida aflojarlos. No esta vez, señores, esta vez tenemos asuntos importantes, les digo. Y en realidad todos sabemos que es mentira, el único asunto importante en estos momentos es el de descansar la mente un rato para aclarar toda la maraña de ideas que abundan mi cabeza. Como esas bolsas enormes atiborradas de canicas que mi hermano compraba en la tiendita y luego las dejaba caer todas escaleras abajo. Me duele el cerebro. Tengo que tirar todo cuando menos al asiento de atrás. Me recorre el alivio como una ola cuando percibo el sol escondiéndose un poco, solo un poco pero eso es más que suficiente para que una pizca de positividad se pose en mi sonrisa. Solo he recorrido dos veces esta carretera: la primera cuando era pequeña y pasé todo el camino viendo las nubes e inventando historias en mi cabeza, la segunda con un muchacho de sonrisa estúpida y bastante atractiva que creyó que sería fácil cruzar el mundo con cincuenta pesos y un bocho del 85. Por ahora las unicas dos cosas buenas en mi vida son que me dedico a un trabajo que no me necesita en la oficina y puedo cumplir la jornada a cualquier hora del día, en cualquier lugar del planeta (Una vez me puse a trabajar sobre la pirámide del sol en teotihuacán) y la otra cosa en mi vida que me motiva a levantarme cada mañana es que el estéreo de esta cafetera no se ha descompuesto aún. Pongo un poco de música, de esa que escuchaba cuando caía la luna y me sentaba en la ventana a escribir cuentos de figuras y sombras. Y no la pongo para obtener recuerdos y regresar al pasado (que es lo único que hago casi todo el tiempo) no, esta vez la pongo porque aún me hace sentir bien. Punto. Mi cabeza no está cansada, mi cuerpo si. Aún puedo pensar en cien mil cosas más, darle diez vueltas a cada una y luego hacer un cálculo antes de dormir. Un cálculo que resolveré mal. Me gustaría poder traer a Lucas, el viejo pastor alemán que no tengo y tal vez nunca tendré, en el asiento de atrás haciéndome compañía en mis impulsivos viajes. Pero son escasos los lugares en donde me dejarían quedarme con un perro de semejante tamaño, aunque obediente y simpático, tira mucho cabello y ronca en ocasiones. La gente dice que soy inestable en cuanto a mis amistades, mis amistades dicen que la gente me afecta demasiado. El arte dice que toda la gente es diferente. Yo digo que la gente debería meterse en sus propios asuntos. La vida termina enseñandonos que todos somos gente al fin y al cabo. Sigo manejando, el cielo ahora está nublado y el viento que entra por la ventana ya no está caliente. Mis ansias han ido disminuyendo poco a poco, mis manos se relajan y es entonces cuando veo una gasolinera aparecer a varios metros, a un lado tenemos una supermercado y un restaurante. Y como si mi cuerpo hubiera posisionado todo ahí para que por fin pudiésemos descansar también aparece un Motel que promete un bajo costo. Dudo un poco pues aún no quiero entorpecer la mente durmiéndome en la cama de un Motel, pienso más cuando manejo. Por un instante que dura un parpadeo me acuerdo de algo curioso; una noche de mayo hace algunos años cuando salía de mi casa para buscar algo en el auto escuché el apasionado sonido de una armonica. Me quedé ahí unos minutos escuchando al músico nocturno que cumplía su promesa de volver cada noche. Y su silbido tan suave como el roce de sus labios de tinta me prometieron un cambio. Sin siquiera haber tomado una decisión estaciono el auto afuera del motel, me bajo y entro al edificio de tres pisos color mandarina en abril. Reservo una habitación, la habitación que verá a mi cuerpo descansar mientras mi mente viaja sin cesar. Cruzo hacia el restaurante y ordeno una hamburguesa con papas, me viene a la mente aquel letrero de mi tan lejana preparatoria que decía “Amburguesas con papas“. Solo estoy ahí un momento, disfrutándo del anochecer de carretera, hasta que Lucas comienza a ladrar desde fuera ordenando un poco de comida.

lunes, 30 de abril de 2012

“Sábado, 29 de Mayo 2004 Hoy conocí al amor de mi vida, David, fue su primera comunión y me mandó cartas. Todo empezó cuando mi hermano Gian se fue de chismoso y les dijo a David y a sus amigos que a mi me gustaba [...] ...Me puse muy feliz y nos empezamos a mandar cartas. [...] Antes de irnos le dije adios y le mande un beso. Espero casarme con él“ No, no me averguenza realmente publicar mis anhelos y cursilerias infantiles. Creo que si alguna vez en mi vida escribí algo verdaderamente sincero y puro fue en ese diario. El diario empolvado y olvidado que yacía dentro de una caja en el ático de mi tía. Tenía un candado y, les digo, el candado de este diario no fue fácil de abrir; tuve que destrozarlo con un martillo. Nunca he sido constante en nada, prueba de ello es esta libreta que tengo en mis manos la cual no logré llenar por razones que ya no recuerdo. Me hubiera gustado leer más y más, pero la niña de aquel entonces estaba más ocupada viendo caricaturas o jugando que escribiendo en un diario. Y ahora lo pienso... en muchos muchos años me voy a divertir leyendo las cosas que me ocurren ahorita, en ese diario imaginario que no logro escribir. ¿Por qué? Me da miedo plasmar memorias y al mismo tiempo es para lo que vivo realmente. Qué gracioso es pensar en el amor de tu vida cuando solo tenias 9 años. Qué fácil era decirlo y, a mi corta edad, en realidad sigue siendo así. Pero ahora se dice con más fuerza, con intensidad de un joven enamorado. Antes se decía con sencillez, sin importar cuánto perduraría o si tenian fuerza las palabras. Daba igual si era correspondido, o si se desvanecia al día siguiente. Era el amor de mi vida. Ese niño al que le gustaba montar en pequeñas motos y jugar con sus amigos en el patio de la primaria. Y que ahora es un tremendo idiota. Interesante “amor de mi vida“ Si que eran maravillosas las mañanas de fin de semana, cuando madrugaba por deseo y falta de sueño y nos sentábamos con mis hermanos en el cuarto de la tele a ver caricaturas sin ninguna preocupación. Y no es que ahora tenga muchas preocupaciones, al menos no importantes, sólo estúpidas cargas que yo sola me echo encima. Pero me asusta el hecho de pensar que está todo tan claro. Con cada cumpleaños aumentan los objetos en la espalda, cada día se vuelve más cercano el día del juicio, cada hora que pasa me doy cuenta de que mi vida se posa sobre un tablero del “Destreza“ y el reloj va contando los segundos que faltan para que la tabla bote y todas las piezas que no alcancé a poner en su lugar se queden en mi mano y pierdan su objetivo.

sábado, 21 de enero de 2012

Maletas listas

Un día escuché decir por ahí “Los dias pasan y no en vano“
Qué cosas.
Somos cambio de materia constante, sin duda.
¿Dónde estaba ayer? ¿Dónde estabas tú ayer? ¿A dónde hemos llegado? ¿Hemos sacado provecho al tiempo? ¿Estas en una mejor posición?
Probablemente yo me quedo, como siempre, en el mismo lugar donde he estado parada por muchos años. “Same position“ Claro que mi estatura ha cambiado, mi mente ha evolucionado, mi cabello ha crecido, mi sonrisa se ha transformado. Pero sigo parada en el mismo lugar.
Se van, viajan, desaparecen, se transforman, crecen, cambian. Move on. Brincan, encuentran su camino y lo recorren. Oigo sus voces a lo lejos, en el recuerdo y, en ocasiones, en el presente.
Son memorias las que cuelgan de mi cuello y solo, muy de repente, me doy el placer de sentarme a mirarlas un rato. Sólo un rato porque si me permito seguir así, podría quedarme por siempre viviendo del recuerdo. Y ya no soy así.
Pero claro, es normal, que piense en el pasado y quiera vivirlo de nuevo. Todos sienten eso. Y siempre se permite aplicar la de “El ayer era más fácil“ y pasan los años y repites la misma frase, sin saber que todos los ayeres eran aún más faciles. El tiempo cambia y complica las cosas. Y a pesar de todo queremos avanzar y avanzar a ver qué hay al final.
¿Qué camino recorro yo? Tú ya atraviesas el tuyo, tú te fuiste y no sé si en mi vida vuelva a verte, tú te haz olvidado de mí, tú ya estás en otra etapa a la que siempre quisiste llegar. ¿Yo? Same position. Always. For sure.
Pero no me entristezco, he llegado a un punto en el que lo comprendo y me acepto. Sé que mi vida se basará en la misma posición por siempre, porque como mi perfil psicológico y ancestral dice: Soy sedentaria y virgen. Y aunque ni yo misma me la crea, es verdad y lo respeto.
Claro que voy a caminar, voy a tranformarme, voy a irme. Pero siempre será la misma posición tan pesada que no puedo cambiar, porque eso soy yo.
No quiero quedarme en el “Veo que te vas“ Quiero que me vean irme. Quiero que agiten la mano, se despidan y se pregunten si van a volver a verme. Y así será.
Same position.
Pero voy a desaparecerme. A no volver. A no volver a verlos. Por mucho tiempo. Un periodo para mí. Y es todo lo que quiero. No es huida. Es mi propio rescate. Al fin realizado.


Lo veo venir.

lunes, 2 de enero de 2012

Calle Hidalgo no.15

Él también era pizzero. Vestía de una manera muy parecida, pero el olor era distinto. Papá olía a carbón con harina, mientras que él despedía una escencia a queso derretido con tomate fresco. A lo mejor por eso me fije en él, probablemente su olor fue lo primero que mis sentidos captaron, ya después estudié sus otros rasgos.
Su cara estaba llena de harina, acababa de hacer veinticinco pizzas y se encontraba sentado en la banqueta de la calle Relox. Sacudía sus manos con frecuencia, miraba a la calle y luego al cielo. Parecía esperar algo.
¿Dónde estaba yo? Parada en la esquina entre Relox y Mesones. En mi mente canturreaba la tonada de “Michelle“ mientras lo miraba y luego me reí al darme cuenta de lo ridícula que era aquella escena.
La primera vez que hablamos fue varias horas después de aquello, cuando decidí que lo más barato que podría cenar sería un chocolate caliente en la cafeteria de la calle Hidalgo. Vaya sorpresa que me dió el destino cuando al asomarme en la cocina la mirada de aquella mañana me vió de reojo y pareció reconocer en mi casi disimulada expresión de asombro a aquella mirona de la esquina.
Me senté en la mesa más alejada de la cocina y de las personas, pedí un chocolate amargo y espeso con dos churros, por favor.
La música que me ofrecía aquella pequeña y tierna cafeteria me acogió muy bien desde el principio y entonces vino el mesero a traer el pedido. Fue ahí cuando el aroma llegó por primera vez y sonreí al captar la similitud con los olores que habían llenado mi vida pasada; laurel, tomate, queso, harina, albahaca y un toque de papas al vapor.
Las manos del mensajero pusieron frente a mí una taza de chocolate ardiendo y un plato con churros que parecian recien horneados.
¿Necesita algo más?
Las palabras que cruzaron mis oidos venían con un olor a pasado aún más penetrante, entonces tuve que desviar mi mirada de los churros y elevarla para sonreír y estudiar al portador de tan familiar olor.
No, gracias.
Ya no tenía harina en la cara pero esas expresiones vagas seguían presentes, no, no tenia unos ojos hermosos y penetrantes, si no más bien calmados y fáciles de probar. Y realmente su cabello no me llamó la atención, asi como tampoco su voz sonaba al canto de un ángel. Era, probablemente, el conjunto de tantas imperfecciones lo que hacía que el mesero se robara mi mirada. Tenía un rostro demasiado humano. Demasiado fácil de apreciar. No había ningun tipo de compromiso, de expectativa, de creencia o de prejuicio mientras me miraba con una leve sonrisa llena de educación.
Asiente. Se retira. Me quedo sola.
Vuelvo a la mañana siguiente por un jugo de naranja.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Expectativas. Expectativas. Expectativas.
Ilusiones. Ilusiones. Ilusiones.

Supongo que todo es parte de la edad. NO. NO. NO. NO. NO. NO.
Ya no.

Bluevelvet DESPIERTA! No me abandones, No.
Me duele algo en el pecho. Algo más allá de todo.
Me duelen las ilusiones, los recuerdos, estos sonidos, me duelen las sonrisas, los chistes, el amanecer, los libros, las caminatas, las aburridas tardes, las confusiones.
Me duelen incluso las imágenes, porque ya no existen en mí, tomaron su rumbo y me dejaron aquí sentada. Las imágenes. Las imágenes a 24 cuadros por segundo, que se fueron junto con la paz y la fe.
Me duelen incluso esas canciones. Esas canciones por las cuales ya no siento nada.
Esas palabras, me duelen esas palabras, que ya no salen con facilidad. Que me traicionan. Que me miran aburridas e indiferentes y ya no quieren estar aquí. Esas palabras que se dan la vuelta y se van a dormir. Y tienen mucho tiempo dormidas.