jueves, 6 de febrero de 2014

Podrían haber pasado más y noches y más días de lluvia y aún así sé que habría terminado contigo.


Es un puerto en el fin del mundo, lo recuerdo como en un sueño pero sé que nunca he estado aquí.
 El lindo día soleado que era esta mañana se ha convertido en una tormenta y hace un poco de frío, la humedad de la lluvia se filtra a través de mi suéter pero a pesar de eso no me muevo a un lugar seco. El agua cae sobre mí con cariño, como si me acariciara los recuerdos... los buenos y los malos. 
El puerto y las calles están vacías a excepción de una heladería donde algunas personas se resguardan del frío y la humedad. Es curioso cubrirte de un día como este en un lugar como aquél donde lo último que vas a comprar es un helado. Pero esa no es la razón de que me quede parada bajo el agua mirando al mar. La razón es esta sensación de libertad que me deja el estar mojada hasta los dedos de los pies, como si por fin me liberara de todo; de los dolores, de los miedos, las preocupaciones, los anhelos, los sueños, las memorias y los amores, de los buenos y de los malos, de los falsos y de los verdaderos. 
Sé que te extraño porque sé que existes y porque sé que todo lo que quise nunca existió. Pero me fui con la necesidad de no encontrarte más. Y mira. Me he encontrado un puerto bellísimo y es exactamente como lo quería. Lejos. 

Tengo ganas de caminar infinitamente, de no cansarme, de caminar sin buscar y sin encontrar. Solo pasando. Porque sé que así iré dejando mis huellas por el camino, mis dudas que solamente abarcan espacio en esta maleta ansiosa por irse lejos. Caminando infinitamente. 

Olvidarlo todo. Dejarlo todo. 
No es tan difícil después de todo. Lo sé. Lo viví. 
I'm gone. 

martes, 21 de enero de 2014

sábado, 4 de enero de 2014

Start again

Me gusta el eco que se escucha cuando escribo por aquí. Me gusta sentirme sola y guiada únicamente por los sonidos de mis recuerdos. Por eso no le pido a nadie que lo lea, no invito a nadie a pasearse por mis océanos. Me gusta estar así. Conmigo.

Hoy te escribo aquí porque te lo mereces, porque hoy me haces muy feliz y porque eres la razón de tantas sonrisas inesperadas y traviesas. Porque te lo has ganado.
Me gusta... me gusta todo. El sonido del silencio cuando estamos solos, la música que nos envuelve y nos desconecta del mundo, tus manos que no se están quietas, las mías que se ponen nerviosas, tus ojos que me sonríen, tu voz en la oscuridad, los mil pensamientos que pasan por mi cabeza y las mil sensaciones que recorren todo lo demás...


miércoles, 7 de agosto de 2013

Silencio

Siempre hemos sabido que todo lo que sube tiene que bajar, aquello que comienza tiene un fin establecido, lo que existe se transforma. Nada es para siempre.
Pero creo que llega un momento en la vida donde entiendes realmente de qué trata todo esto, donde lo vives, lo sientes. Donde dejan de ser solo palabras y se convierten en hechos. Donde tantas cosas que te hicieron sentir en la cima del mundo... se convierten tan solo en recuerdos que vagaran por la línea del tiempo de tu vida, te miraran de lejos y poco a poco irán perdiendo color y veracidad. Y te preguntarás si tan solo fue un sueño. Si todas esas risas, esas fotografías, esas miradas... fueron solo memorias de alguien más. Alguien más joven. Alguien con más vida. 

Duele tener que ser realista, aunque digan que no vale la pena serlo, uno no puede vivir en un sueño. No para siempre. Se puede vivir del sueño, respirar del sueño, despertar cada mañana para luchar por él. Pero nadie puede vivir en él. No es real. No todavía. 
Se cae. Se cae de pronto a la realidad y el golpe duele tanto que nos deja atontados por varios minutos, días, quizá años. Nadie nos puede salvar. No se puede depender de nadie, estamos solos, somos individuos luchando cada quien por su cada cual. 

Quiero volver, quiero volver a sentir la libertad, el deseo, la vida, la expectativa, la curiosidad... el miedo. El miedo del que tanto me quejaba. Ese miedo puro, del que vale la pena aprender. Ese miedo que no te paraliza, al contrario, te hace avanzar más rápido para que termine y a pesar de todo... siempre queremos más. Nos despierta, nos pone vivos, atentos. Es miedo del bueno. 

No sé qué me espera, no sé qué sigue, no tengo un plan. Hoy es uno de esos días en los que no tengo idea de quién soy. A dónde voy. Y dudo de dónde vine. Solo estoy segura del recuerdo, de que existió en algún lugar, de que existí. Fue real. Palpable. Fue felicidad. De la buena. 

No me quiero anclar al pasado, pero es tan difícil. Estoy aprendiendo, adaptándome no al cambio, sino a la vida. 




jueves, 6 de junio de 2013

House of the rising song

Hace mucho que no escribía por aqui. Y podría decir que fue porque no tenía inspiración, pero la verdad es que esa excusa la utiliza la gente cuando no realizó algo y suena bonito, pasable, esas cosas ocurren. Pero detrás del “no tenía inspiración“ se esconde el “la neta no tenía ganas, ánimos, me daba hueva, se me atascó el cráneo, las neuronas se tomaron un break“
Y así es esto.
¿Qué cosa?
Todo. Hablo de todo. De los aviones que pasan por encima de mi cabeza todos los cabrones dias. Recordándome “ya te vas. ya te vas. se te acabó. de vuelta al rancho.“ Y me atormentan. Todo empezó hace dos semanas cuando nos quedamos a dormir en la escuela, yo por supuesto me dormí dentro del gimnasio. No soy tan estúpida para acampar afuera con este frío. Bo y Lies hicieron desmadre hasta muy entrada la madrugada y no me dejaban dormir. Al día siguiente nos vendrían a despertar los maestros a las putas seis de la mañana para ir a la playa a surfear A SURFEAR CON ESTE CLIMA. Coño, Bo, cállate. SHUT UP BITCH.
Y pues al final se quedaron dormidas. Todo estaba quieto. Se oía el silencio del edificio. De los salones de clases sin alumnos, ni profesores, ni tareas, ni libros. El gimnasio, donde he pasado la mayor parte de mis pesadillas, respiraba con eco. Se comía el silencio. Y me desperté. Y miré hacia el ventanal frente a mí, vi el cielo, los árboles, las vías del tren. Subí la mirada. Un avión. Con sus putas luces parpadeando, riéndose de mí. Y me cayó el veinte de que nada es para siempre. Y ahí, en el silencio y la oscuridad, acompañada pero sola a la vez, me puse a llorar.

Tengo tanto miedo.

No quiero.

Tantas cosas que he hecho. Pasan como en slideshow por mi cabeza cada vez que veo un avión. No me visualizo regresando a México. ¿Qué me espera allá? ¿Qué tengo que buscar allá? ¿Por qué me voy? ¿Por qué me fui? No recuerdo mi casa. Mi casa es aqui. No recuerdo quién era. O tal vez si lo recuerdo pero lo he tratado de olvidar a lo largo de estos meses. Me encerré en esta realidad y se me olvidó quién era antes y quién debo volver a ser. ¿Volver a ser? ¿De verdad? No. No sé. ¿Quién era?
Me atormenta.
Un mes. Un mes valeria. Un mes y estas de vuelta. No. NO.
Se acabó. Kapot. Puff. El sueño. Despierta!!
Y se fue. Y no lo puedo detener. El tren se va y me deja en la estación equivocada. Y no me espera. Y me lleno de impotencia.

Te amo Bélgica.

lunes, 18 de marzo de 2013

'T Straatje

Los Belgas se quejan porque hace demasiado frío para ser Marzo, que es el invierno más largo que han tenido desde hace ciento y algo de años. Ha nevado mucho los últimos dias y no veo ningún indicio de la primavera. Este hecho me deprime un poco, pero ya me acostumbre a llevar el enorme abrigo sobre mí a todos lados, se ha vuelto mi segunda piel.
Estas semanas han ido extremadamente rápidas y lentas a la vez. El día avanza sin ganas pero termina con prisa. Y tiene lógica, creo.
Es extraño abrir los ojos por la mañana y saberme acostumbrada al ambiente que me rodea, a hacer las cosas en modo automático y crear una cotidianidad temporal todos los dias. Sigo aqui. Sigo en Bélgica. En 5 dias se cumplirán siete meses de haber dejado mi casa, de haber tomado ese avión y cruzado el océano. Mi mente no lo asimila, en ocasiones tengo la sensación de que he estado aqui toda la vida, y otras veces me asusto y se me olvida a donde pertenezco. Pero en dias como hoy, cuando camino con mis audífonos hasta la estación de tren, es cuando mi mente viaja de aquí para allá y me recuerda quién era antes de estar dónde estoy, quiénes éramos y en qué nos hemos convertido. Veo sonrisas, veo música, veo lágrimas, veo abrazos, besos, miradas, momentos y una que otra botella en la colonia ocolusen.

Pienso en el día de mi regreso y aún no decido si asustarme o emocionarme. Miro a mi alrededor y todas las cosas que voy a extrañar, todas las fotografías emocionales que tengo que conservar. Primero esta “Straatje“ la pequeña calle llena de bares que se encuentra casi a un lado de la estación y solemos frecuentar casi cada viernes para hacer prácticamente lo mismo. Primero tenemos el bar del boliche a donde he ido unas tres o cuatro veces únicamente. El bar donde Rens conoció a Damiela, donde, estando a tantos meses del día de mi partida, Jaime y Carina me dijeron que el día en el que yo tuviera que irme iban a llorar. El bar donde Eva mi cito un día de Enero antes de que se fuera a la India para hablar de mi vida en Bélgica y todo lo que yo tuviera que desahogar.
Después está el Bar de la esquina “Den Bras“ o como nosotros los llamamos “El bar de siempre“, porque lo frecuentamos mucho. Nos gusta porque fue el primer bar a donde fuimos todos los Kip juntos después de una clase de neerlandes, donde Giorgia se confundió y pidió jugo de naranja en vez de cerveza, a donde fuimos después del juego de fotografías en Kortrijk y platiqué por primera vez con Karel. Ese bar ha presenciado si no todas, bastantes platicas profundas y sinceras con Damiela. Es de esos bares en los que hay buena música, a un volumen perfecto para poder sentarte y platicar por horas. Todos los caminos nos guian siempre a el “bar de siempre“.
Al lado de éste está el bar subterráneo, ese me gusta porque casi nunca hay gente y, puesto que está bajo tierra y hay que bajar unas escaleras, siento que me encuentro en el fin del mundo y nada ni nadie puede encontrarme ahí. La cerveza no es tan buena como en “den Bras“ pero el lugar es acogedor.
Luego siguen los tres bares más concurridos, donde se pone la fiesta y todo el mundo está ahí, donde es casi imposible sentarse a hablar. El primero es bastante elegante, ahí te encuentras con la clase alta de la zona y los niños bien vestidos. Es lindo el lugar pero no me agrada tanto porque hay pocas meses y siempre termino parada.
El segundo es el que más detesto y el favorito de Damiela, la música está al máximo volumen y casi siempre es Dubstep. Ahí fue donde Damiela y yo nos tomamos un vodka malísimo un día y donde en frente de Viktor la regañé y nos peleamos. Siempre está atascado de personas y estudiantes de escuelas refinadas en su mayoría, no se puede ni caminar porque es un mar de gente.
El tercero es “Stradis“ el favorito de los de mi clase, en parte porque hay happy hour y en parte porque ponen música más variada y los de la escuela asisten ahí. A mí me agrada porque tienen Desperados (cerveza con tequila) y porque tengo la oportunidad de ver a mis compañeros del colegio en un ambiente diferente donde se comportan diferente.

Me retiro. Hay deberes Belgas por hacer.
Ahora me queda esperar a la primavera y el día en el que pueda salir a la calle con mangas cortas.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Una canzone

Los Belgas dicen que no hace tanto frío como el año pasado y que hace mucho calor para ser Diciembre. Se quejan de que no neva lo suficiente y que así no pueden sentir el espíritu navideño. Yo, por mi parte, estoy feliz de que esta semana no haya hecho tanto frío, lo que si es que ha llovido como si hubieran dejado la regadera abierta en el cielo. Desde en la mañana hasta en la noche sin parar, ni siquiera unos cinco minutos de descanso.
En fin, hoy toca la cena de navidad. Mi familia es un poco fría en cuanto a preparativos navideños así que si yo no aceptaba cocinar ellos iban a comprar pan y jamon para cenar y eso sería todo.
Me gusta mucho estar en la cocina mezclando cosas y oliendo la comida, inventando recetas y ensuciando todo. Pero mi parte favorita es cuando la gente prueba lo que he preparado y dicen “Tis heel lekker eh!“. Por eso hoy me pone nerviosa preparar la cena, en primera en mi vida he hecho Cochinita pibil, en segunda son 15 personas a complacer y en tercera... mi abuela no está aqui pa' echarme la mano. ¿Y ahora? No queda más que seguir la receta y tratar de improvisar un poco como suelo hacerlo. Espero que mi cena no fracase.

En cuanto a él, lo vi hace dos dias. Esta vez no me entristecí cuando me di cuenta que sigue sin revertir el cambio que sufrió hace unos meses. Esta vez ya no llevaba esperanzas de que el viejo él volviera. Y así fue, no volvió. Pero ya me acostumbré y me di cuenta de que no importa cuántos cambios sufra o que tan poco pueda conversar con él. Me gusta a pesar de todo. Pasa el tiempo y nada cambia. Y ya me acostumbré a eso también.
Así que este Jueves, cuando estemos en Paris, llueva o neve... voy a hacerlo y no se lo voy a contar nadie. Ni siquiera a él. Y entonces esperemos que, al menos por unos segundos, vuelva a ser el que solía conocer hace unos meses.

El 2 de Enero sale mi vuelo rumbo a Italia. Estoy tan feliz que no puedo ni demostrarlo. No puedo creerlo. La emoción me invade a mil por hora y nada ni nadie va a impedir que este viaje sea perfecto. Desde que tengo uso de razón mi único sueño y meta en la vida es ir a ese pais. Al pais de donde sé que soy. De donde viene la primera raiz. Y le voy a sonreír a mi abuelo cuando esté en su tierra y estoy segura él sonreirá también.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Carousel



El frio aumenta todos los dias, ya llegó la nieve y junto con esta un montón de emociones que todavía no logro desenredar. Es como una mezcla entre mucha alegria contenida, comienzo de cotidianidad, nostalgia, chocolate y pies frios. Bélgica me da algo nuevo todos los dias y eso me gusta, a veces me trata con mano dura y otras veces me libera para que de pasos bajo mi propio riesgo. No es fácil. Nadie dijo que sería. Y me gusta así.
Mis ojos descubren un montón de cosas que no sabía que estaban ahí y, en ocasiones, me dejo llevar por la atmósfera y sonrío en los lugares más inesperados. Muchas veces me ha pasado que mi cerebro deja de oir la música para concentrarse en otras cosas y es entonces cuando consigo que mis dedos bailen de aqui para allá en el teclado y ese peculiar sonidito de los botones inunde la habitación, transportándome a mi hogar y, luego, a ningún lado.
Hay tantas cosas que contar que me cuesta ordenarlas para poder plasmarlas. Y ahora que lo pienso es un poco tonto porque las pocas cosas buenas que he escrito en mi vida son un desorden y nunca me paré a organizarlas con anticipación.
Aún vivo en el bloqueo, ya hizo un año y medio desde la última vez que escribí un guión de principio a fin en una sentada y me sentí satisfecha. Ahora, no importa cuanto intente, ese muro frente a mí no me deja ingresar al mundo de las historias, aquel mundo que me abría siempre sus puertas. Siempre. Y ya no. No más.

¿Por qué?