viernes, 25 de febrero de 2011

Couldn´t sleep

Es como un abismo, super oscuro. Es como un silencio muy muy pesado, me acalambra toda. Me cubre toda.
Siento un vacío que arde, que da paz, que da pena.
Un dolor ahogante que ríe, que se estremece, que se burla.
No me gusta. Y sin embargo no lo dejo ir.
Una culpa incesante, un error constante.
Mentalidad cansada, cotidianidad tediosa, desperdicio constante.
Sin rechazo, con desprecio.
Sin compañía, en soledad.
En una búsqueda sin punto final.
En un camino sin salida.
Decepción.
Cansancio.
Comezón.
Sed.
Música.
Dolor.
Soledad.

Silencio
Silencio
Silencio

Caigo.
Caigo.
Sigo cayendo.
No dejo de caer.
Me detengo en la nada.
Las notas me marean. Mucho. Mucho. Mucho. Mucho.

Ya no quiero sentirme así.
Y sin embargo, es el único lugar que conozco.

lunes, 21 de febrero de 2011

Wonderwall


Pasa. Te das cuenta de las estupideces que haz estado cometiendo sin percatarte. Y entonces cierras los ojos y no lo puedes evitar, brota una lágrima de arrepentimiento. Un dolor interno de amargura y soledad. De fracaso continuo. Y me repito a mi misma “¿Por qué sigo haciéndolo?“ Vaya, es que el dicho “se aprende de los errores“ no se puede aplicar en este caso y menos para mí. Mucho menos para mí.
Veo al pasado, no tan lejos, no. Tan solo dos o tres meses atrás. Veo una sonrisa y un brillo, veo una mirada de anhelo, veo un momento tan tranquilo, tan perfecto. Los nervios me brotan a flor de piel. Se que se nota a kilómetros de distancia. En ese pasado, veo también un monstruo; un monstruo de cuatro ojos, dos narices, cuatro orejas, dos bocas, dos sonrisas y cuatro pies danzantes. Me veo a mí en el recuerdo y ese sentimiento vuelve, solo que borroso, distorsionado, arrugado por el tiempo y pisoteado por el presente. Ya no puedo más.
Y luego pienso ¿Y si existiera un bote donde tirar recuerdos? Así como esos en donde tiras la lata del refresco, para no volver a tenerla jamás, y se te olvida. Al siguiente día la lata de coca se ha ido de tu mente; se ha quedado en el bote. Quisiera realmente poder tirarlos. Todos.
Sigo en el pasado. Se escucha la canción. La gente que baila alrededor, las demás sonrisas, son ajenas. Yo estoy ahí. Puedo oír la tonada, el solo de la guitarra, la voz desgarradora escapándose por la bocina.
Y después regreso y me veo, sentada, perdida. Recordando. Escuchando. Pensando. Ya no hay manera de volver atrás. No.
Estaba en el jardín, al teléfono. Viendo las estrellas. Escuchando una voz. Lejos de la civilización, la voz a través de la bocina a kilómetros de distancia y, a pesar de todo, se siente como si estuviera conmigo. A un lado.
Libros por doquier, en cada esquina, a donde voltees. Una mirada se cruza con la mía. Veo excitación en ella. Hay mucha gente. Ellos no importan.
El mundo se viene abajo cuando las pisadas cruzan la puerta del lugar, es todo lo que puedo ver ahora. Ya nada más.
La pantalla se extiende ante mí. Siento una mirada a mi izquierda.
Eso es todo.

jueves, 20 de enero de 2011

Un recuerdo del día de mañana, cuando todo se vaya.


Vuelve el escenario, me encuentro otra vez ahí.

Ahora la luz es un poco anaranjada y un piano muy a lo lejos toca unas notas muy al azar... suena a una canción que solía escuchar. El sol del atardecer se filtra por la ventana de un apartamento algo desgastado, me encuentro de rodillas en un piso de madera floja. Un aroma a aserrín, tabaco y flor gran duque cubre la habitación. Suspiro muy lentamente. Siento a través de mis pulmones el ahogo del olvido y la asfixia de la soledad. Y recuerdo que alguna vez fui. Pero ya no más.
Se escucha a lo lejos el sonido del hogar, de un hogar totalmente invisible y que se ha esfumado para siempre. Pero como el ave fénix, volverá a renacer de sus cenizas. Así. Aunque no siendo el mismo que se conoció, aunque las luces ya no sean cálidas y los aromas seductores.
Entonces vuelvo a suspirar y casi suelto una lágrima de nostalgia, pero no dejo que se me escape porque sé que una, conlleva a otra y a otra.
El poco aire que se cuela por la ventana levanta el polvo del suelo y lo hace pasear por la habitación como un muy bienvenido invitado. Y si, puede ser que sea mejor recibido que yo.
La soledad recorre mi espalda y un escalofrío de arrepentimiento cubre todo mi ser. Pero no es una culpa mala, en realidad sé que hice bien. Yo sé... que hice bien.
Las notas del piano se vuelven más y más rápidas para volver a calmarse después de unos segundos y retomar su tono nostálgico, solo y envolvente. No sé de dónde viene, ni me interesa. Le doy gracias al músico que le da un soundtrack a esta clase de momentos en los que el agua entra por un oído y no sale por el otro. Le doy gracias a las bellas y divinas notas que no me dejan sola, ni siquiera en estos momentos.
Una fotografía me mira desde la pared, son varias personas sonriendo, con los ojos tan alegres y jugosos que me dan ganas de tenerlos para mí. No sé por qué rayos pegué esa desagradable foto ahí. O tal vez si sé, porque me causa nostalgia, porque yo estoy ahí. Porque no me di cuenta en qué momento, a qué hora del día, se fueron todos esos bellos momentos. Porque no tuve la fortaleza para hacerlos inmortales, o tal vez porque tuve la suficiente fortaleza para dejarlos atrás y crear nuevas fotografías que pegar en la pared.
El recuerdo duele pero más duele tener que recordarlo.
Y como se me ha dado la oportunidad de vivir los momentos, los viviré, hasta que se conviertan en más recuerdos. Y luego, sean solo polvo arrastrado por el viento que se cuela por la ventana en donde se filtra la luz anaranjada.
Silencio. Busco las notas del piano con mis oídos y me doy cuenta que soy yo quien toca.

jueves, 13 de enero de 2011

Cuando hubo tormenta. 11 de enero

Sinceramente no puedo describir el dolor o la confusión, o como sea que se llame, que siento en estos momentos. Es como un tornado dentro, muchos pensamientos azotan no solo mi mente si no también mis sentidos. Es como un collage, o como suelo compararlo, un gazpacho de miles y miles de recuerdos, ideas, sentimientos, emociones, creencias, pérdidas, dolores, dudas, respuestas y una niebla inmensa que lo cubre todo como el jugo de naranja cubre la fruta del gazpacho.

I don´t know why the hell are you doing this, you´re really hurting me, confusing me, making me think that the wrong here is me. Making me feel like a very very small piece of nothing in this big storm. Just when I thought maybe things between you and me could be better, just when I thought everything was getting better… I fall. High School hit me in the face, I had a depression, I missed my old friends and changes and adventures where bull shit for me; I just wanted to go back, to be like I used to.

Everything is falling down, I feel like a very tiny and less important girl in this relationship. Why are you involving me in your fucking problems? I WANT TO BE FREE. LET ME GO, LET ME BE, LET ME SEE, LET ME DO, LET ME TRY.

No comprendo, no me entiendo ¿Qué es lo correcto? ¿Lo correcto es lo que quiero? Fuck it. Fuck YOU. ¿Por qué? ¿Por qué tienes que ser así? ¿Por qué no llevar la fiesta en paz? ¿Por qué tanto materialismo?

Son DUDAS. DUDAS. ¿Move on? ¿MOVE ON? Fuck everybody. FUCK THE WORLD. Fuck ME.

domingo, 9 de enero de 2011

Y es que, caray, ya no puedo escribir como antes. Se está corriendo la tinta con la lágrima dulce del placer agotador de estar llorando.
Una luz roja traspasa la ventana. Estoy sola, totalmente sola. Una guitarra se escucha desde el piso de arriba, unas cuerdas tan lentas y la voz del cantante suelta una nota de amargura y pesar que me traspasa el corazón. Siento su dolor. Pero no tengo espacio ya para el dolor ajeno. Me gusta estar así de sola, es como siempre lo quise, pero es este dolor de agua salada que frustra, que quema, que cansa. Ya no puedo con esto.
Las cosas que creías conocer, las cosas que solían estar bien, ese tipo de trivialidades que ya tenías en orden... se aplastan, se mueven, se pierden. La paz se rompe.
Ese tipo de cosas que no formaban parte de ti, esas que no eran importantes o que simplemente no te dabas cuenta de ellas. Los problemas sencillos que solían atacarme acaban de agrandarse a un tamaño jumbo. Ese problemita que, según yo, por fin había logrado superar acaba de volver y me está gruñendo.
Yo decía que no me importaba, decía que no era indispensable, que si era así por mi estaba bien. No, ya no, ya no está bien. Me duele. Y es que son recuerdos, grandes, fuertes, húmedos... se abre la herida. Entonces me percato de la situación. Claro que me duele aunque no quiera aceptarlo. El tiempo no cura heridas, las heridas curan al tiempo. Y las mías las cerré con resistol blanco patito del mercado independencia.

¿Por qué ¿Por qué te dedicas a hacerme la vida todavía más pesada de lo que ya es? ¿Tan malo es querer llevar la fiesta en paz?


Es que me acuerdo de tantas cosas buenas. De las que de verdad valían la pena. Cuando tus ojos son ciegos e inocentes y la vida es como el algodón de azúcar rosa que compraba en la plaza de patzcuaro.


¿Por qué tengo que pagar por problemas conyugales?


¿Por qué me dices todo esto a mí? ¿Eh? Quisiera decírtelo pero prefiero hacerme la sorda.


Como que me dan ganas de correr con alguien, pero ya nadie nadie me da esa confianza o tal vez... solo tal vez...


Estoy mareada de tanta mierda.

Me ahogo.

Ahh....

sábado, 25 de diciembre de 2010

“Abuela mira lo que me trajo santa“ Grita el niño de la casa de en frente. Entonces me acuerdo...

“Pasan los dias, veo el calendario, faltan exactamente 13 días. Van aproximadamente 3 cartas que escribo, pues en la televisión pasan tantas cosas que se me antojan y no me puedo decidir. Ya sé que no debo sobrepasarme, pero todo se ven tan lindo y divertido. He cambiado de opinión varias veces. Pero hay algo que sé con toda seguridad que quiero; esa muñeca con diadema rosa y moño amarillo, traje blanco y rosado. Tiene un olor a ternura tan marcado. La vi en aquella posada, en la cama de mi prima, en cuanto la tuve en mis brazos supe que debía pedirla en mi carta. Tendré una para mi.
Sin contar el día de hoy faltan seis días ya. Volvi a hacer otra carta, esos patines que había pedido no parecen tan lindos como los vi en televisión. El día que fui a la juguetería me di cuenta que había algo todavía más bello, bueno, había muchas cosas. Tantos niños tratando de escoger, corriendo por los pasillos igual que yo. Viendo los juguetes que, si nos portamos realmente bien, estarán pronto bajo el árbol.
Mamá dice que me decida de una vez, que el niño dios no puede estar con tanta indecisión. Está bien... creo que ya sé perfectamente que quiero. Para empezar, esa muñeca de diadema, esa es la que quiero. Tienes unos ojos azules taaaaan lindos, y como ya dije, un aroma a alegría muy agudo que penetra mi corazón. Sé que la quiero, y sé también cómo voy a llamarla.
Mi hermano quiere una pista de carros pero ya cambió de opinión como diez veces, pues en los comerciales matutinos vemos tantos juguetes que ya no podemos decidirnos. Mi hermana no parece darle importancia al asunto, en realidad solo se ríe y tira baba. Mamá me pidió que le escribiera una carta puesto que ella no sabe escribir ¿Qué pasará si pido un juguete que me guste a mi para que me lo preste? No, no creo que sea buena idea, eso sería portarse mal. Mejor que ella sola escriba su carta.
Estuve viendo la película de mi pobre angelito que cada año, por estas fechas, pasan en la televisión. Tambien la de los fantasmas de Scrooge y el especial navideño de Disney. En las tiendas hay mucha gente, hace frío y mis pies están cubiertos con unas calcetas gruesas color rosa que mamá me obliga a usar. Me levanté hoy en la mañana pensando que Santa había decidido adelantarse y traerme mis regalos antes para no hacerme esperar. Pero en el árbol no había nada.
En la televisión veo niños y niñas jugando en la nieve ¿Por que no nieva? ¿Tan mal nos portamos los niños en mi ciudad? Yo quiero jugar también en la nieve.
Ya no quiero comer, mi plato está lleno de pavo y ensalada, pero la emoción me llena tanto el estómago que no cabe la comida. Es como un sentimiento tembloroso, la impaciencia. Veo unos regalos bajo el árbol, sé que no todos son para mí, pero cómo quisiera que hubiera algo bueno. Pues los regalos de parte de papá y mamá nunca son igual de buenos que los de santa, ellos siempre aprovechan la ocasión para regalarme ropa.
Al abuelo le han regalado una bufanda y unos calcetines, la abuela recibió un perfume (Otro más a la colección de mil) y a mí me regalaron chocolates y una barbie con el pelo demasiado lacio. Huele bien, bastante bien. Pero nada será bastante bueno como lo que viene mañana temprano. Yo lo sé. No he peleado con mi hermano en las ultimas horas, espero que santa vea eso. Estuve muy bien portada en la cena y hasta ayudé a abrir el regalo de mi hermana. ¡Qué buena niña soy!
Subo las escaleras rapidamente, me tiro en mi cama, mamá y papá me dan las buenas noches. Me hinco en mi cama, junto ambas manos y rezo. Después me acuesto, ruedo un rato, abro y cierro los ojos. Entonces me acuerdo del jeep que vi en televisión la noche pasada, un enorme jeep rosa que yo puedo manejar. Me hinco de nuevo y hablo con Dios “Acabo de acordarme, olvida todo lo que pedi, solo quiero la muñeca de la diadema y el jeep. Es todo lo que pido, por favor. O si no alcanzan entonces comuniquense con los reyes magos. Amén.“
Ruedo otro rato. Ruego al cielo que santa me haya escuchado.
¡Un ruido! ¡Un ruido! ¿Me asomo? No. Debo estar dormida, si no mi árbol se quedará vacío. ¿Y si me traen carbón por estar despierta? Papá y mamá deben estar dormidos ya. Mis hermanos también. Yo debería dormir también. ¡No puedo! Es... difícil. Tengo sueño pero mi mente no se queda quieta. Yo sé que si duermo la noche se me pasará más rápido y pronto será de día....
Mi mente se despierta y rezo porque cuando abra los ojos ya sea de día, los abro, sigue siendo de noche. Ahhh... ¿Cuánto tiempo más tendré que esperar? ¿Será acaso que mi muñeca esté abajo esperándome? Está bien, saldré. Abro la puerta, bajo dos escaleras y me escondo tras el barandal. ¡Si! Hay unas cajas debajo del árbol ¡Hurray! ¡Llegaron! Pero sigue oscuro... debería volver a dormir y esperar a que se haga de día. Vuelvo a la cama.
Antes de ir a la cama hicimos un trato con mi hermano; el primero que se despierte tiene que despertar a los demás, no podemos de ninguna manera bajar solos, debemos ir todo juntos.
Duermo un rato más y... abro los ojos, está oscuro... duermo un poco más y... es de madrugada solo hay un poco de luz... cierro los párpados y... aún no se pone de color blanco el cielo. No me importa...
¡Regina! ¡Gian Paulo! Arriba ya! Como siempre, mi hermano es el último en pararse.
Se ve que está más que emocionado; reconozco su mirada como si fuera la mía. Nos tiemblan las piernas... ¿Bajamos ya?- pregunta mi hermano.
¡Si¡ ¡Si! - murmuramos.
Bajamos muy lentamente y en el séptimo escalón alcanzamos a ver los regalos, se nos olvida que vamos juntos y cada quien corre a su bota. Veo los regalos, no quiero moverlos, imagino a esa criatura de pie en donde estoy ahora, dejando mis juguetes. Como si pudiera olerlo...
Rompemos como bestias las envolturas, las aventamos, gritamos... mamá está detrás del árbol grabándolo todo.
-VALE! ¿QUE TE TRAJO SANTA? - me pregunta
De la alegría no puedo responder. Al parecer santa no alcanzó a traer el jeep, pero no importa; mi muñeca deseada está ahí junto con otras cosas. El olor a nuevo de la muñeca, no es cualquier olor como los regalos de cumpleaños, es el olor a juguete nuevo en navidad.
Mamá se vuelve a domir, son las 7 de la mañana. Aproximadamente a las 11 saldremos para Guadalajara junto con papa y mama para celebrar la navidad con la familia de papá. Estoy ansiosa por ver qué recibieron mis primos.
Aún faltan los reyes magos, espero tengan listo mi jeep.“