jueves, 13 de marzo de 2014

Lekker koud

¿Por qué hay tanto frío? El hielo que, imposible de derretirse, me congela los sentimientos y peor aún las ideas. 
Me miro al espejo sin ganas, hago una mueca de desprecio y me burlo de mi aspecto. Gris, apagado, frío. Lo encuentro bastante divertido. 
Los dias de correr con prisa hasta la puerta de mi casa y sentirme cálida en pleno invierno se han ido agotando hasta no quedar ni uno. El puñado de miedos que solían mantenerme viva ahora me sonríen como enemigos antes de salir victoriosos por la puerta. No, aún no se van, pero ¡valgame Dios si no los he visto reirse de mí más de un millón de veces! Se sientan a tomar cerveza cual cómplices de la felicidad pero luego voltean las cartas y se transforman en lo que realmente son bajo las máscaras de plumas que llevan puestas.

Se abre el telón. 
¡A cantar tinta!

jueves, 6 de febrero de 2014

Podrían haber pasado más y noches y más días de lluvia y aún así sé que habría terminado contigo.


Es un puerto en el fin del mundo, lo recuerdo como en un sueño pero sé que nunca he estado aquí.
 El lindo día soleado que era esta mañana se ha convertido en una tormenta y hace un poco de frío, la humedad de la lluvia se filtra a través de mi suéter pero a pesar de eso no me muevo a un lugar seco. El agua cae sobre mí con cariño, como si me acariciara los recuerdos... los buenos y los malos. 
El puerto y las calles están vacías a excepción de una heladería donde algunas personas se resguardan del frío y la humedad. Es curioso cubrirte de un día como este en un lugar como aquél donde lo último que vas a comprar es un helado. Pero esa no es la razón de que me quede parada bajo el agua mirando al mar. La razón es esta sensación de libertad que me deja el estar mojada hasta los dedos de los pies, como si por fin me liberara de todo; de los dolores, de los miedos, las preocupaciones, los anhelos, los sueños, las memorias y los amores, de los buenos y de los malos, de los falsos y de los verdaderos. 
Sé que te extraño porque sé que existes y porque sé que todo lo que quise nunca existió. Pero me fui con la necesidad de no encontrarte más. Y mira. Me he encontrado un puerto bellísimo y es exactamente como lo quería. Lejos. 

Tengo ganas de caminar infinitamente, de no cansarme, de caminar sin buscar y sin encontrar. Solo pasando. Porque sé que así iré dejando mis huellas por el camino, mis dudas que solamente abarcan espacio en esta maleta ansiosa por irse lejos. Caminando infinitamente. 

Olvidarlo todo. Dejarlo todo. 
No es tan difícil después de todo. Lo sé. Lo viví. 
I'm gone. 

martes, 21 de enero de 2014

sábado, 4 de enero de 2014

Start again

Me gusta el eco que se escucha cuando escribo por aquí. Me gusta sentirme sola y guiada únicamente por los sonidos de mis recuerdos. Por eso no le pido a nadie que lo lea, no invito a nadie a pasearse por mis océanos. Me gusta estar así. Conmigo.

Hoy te escribo aquí porque te lo mereces, porque hoy me haces muy feliz y porque eres la razón de tantas sonrisas inesperadas y traviesas. Porque te lo has ganado.
Me gusta... me gusta todo. El sonido del silencio cuando estamos solos, la música que nos envuelve y nos desconecta del mundo, tus manos que no se están quietas, las mías que se ponen nerviosas, tus ojos que me sonríen, tu voz en la oscuridad, los mil pensamientos que pasan por mi cabeza y las mil sensaciones que recorren todo lo demás...


miércoles, 7 de agosto de 2013

Silencio

Siempre hemos sabido que todo lo que sube tiene que bajar, aquello que comienza tiene un fin establecido, lo que existe se transforma. Nada es para siempre.
Pero creo que llega un momento en la vida donde entiendes realmente de qué trata todo esto, donde lo vives, lo sientes. Donde dejan de ser solo palabras y se convierten en hechos. Donde tantas cosas que te hicieron sentir en la cima del mundo... se convierten tan solo en recuerdos que vagaran por la línea del tiempo de tu vida, te miraran de lejos y poco a poco irán perdiendo color y veracidad. Y te preguntarás si tan solo fue un sueño. Si todas esas risas, esas fotografías, esas miradas... fueron solo memorias de alguien más. Alguien más joven. Alguien con más vida. 

Duele tener que ser realista, aunque digan que no vale la pena serlo, uno no puede vivir en un sueño. No para siempre. Se puede vivir del sueño, respirar del sueño, despertar cada mañana para luchar por él. Pero nadie puede vivir en él. No es real. No todavía. 
Se cae. Se cae de pronto a la realidad y el golpe duele tanto que nos deja atontados por varios minutos, días, quizá años. Nadie nos puede salvar. No se puede depender de nadie, estamos solos, somos individuos luchando cada quien por su cada cual. 

Quiero volver, quiero volver a sentir la libertad, el deseo, la vida, la expectativa, la curiosidad... el miedo. El miedo del que tanto me quejaba. Ese miedo puro, del que vale la pena aprender. Ese miedo que no te paraliza, al contrario, te hace avanzar más rápido para que termine y a pesar de todo... siempre queremos más. Nos despierta, nos pone vivos, atentos. Es miedo del bueno. 

No sé qué me espera, no sé qué sigue, no tengo un plan. Hoy es uno de esos días en los que no tengo idea de quién soy. A dónde voy. Y dudo de dónde vine. Solo estoy segura del recuerdo, de que existió en algún lugar, de que existí. Fue real. Palpable. Fue felicidad. De la buena. 

No me quiero anclar al pasado, pero es tan difícil. Estoy aprendiendo, adaptándome no al cambio, sino a la vida. 




jueves, 6 de junio de 2013

House of the rising song

Hace mucho que no escribía por aqui. Y podría decir que fue porque no tenía inspiración, pero la verdad es que esa excusa la utiliza la gente cuando no realizó algo y suena bonito, pasable, esas cosas ocurren. Pero detrás del “no tenía inspiración“ se esconde el “la neta no tenía ganas, ánimos, me daba hueva, se me atascó el cráneo, las neuronas se tomaron un break“
Y así es esto.
¿Qué cosa?
Todo. Hablo de todo. De los aviones que pasan por encima de mi cabeza todos los cabrones dias. Recordándome “ya te vas. ya te vas. se te acabó. de vuelta al rancho.“ Y me atormentan. Todo empezó hace dos semanas cuando nos quedamos a dormir en la escuela, yo por supuesto me dormí dentro del gimnasio. No soy tan estúpida para acampar afuera con este frío. Bo y Lies hicieron desmadre hasta muy entrada la madrugada y no me dejaban dormir. Al día siguiente nos vendrían a despertar los maestros a las putas seis de la mañana para ir a la playa a surfear A SURFEAR CON ESTE CLIMA. Coño, Bo, cállate. SHUT UP BITCH.
Y pues al final se quedaron dormidas. Todo estaba quieto. Se oía el silencio del edificio. De los salones de clases sin alumnos, ni profesores, ni tareas, ni libros. El gimnasio, donde he pasado la mayor parte de mis pesadillas, respiraba con eco. Se comía el silencio. Y me desperté. Y miré hacia el ventanal frente a mí, vi el cielo, los árboles, las vías del tren. Subí la mirada. Un avión. Con sus putas luces parpadeando, riéndose de mí. Y me cayó el veinte de que nada es para siempre. Y ahí, en el silencio y la oscuridad, acompañada pero sola a la vez, me puse a llorar.

Tengo tanto miedo.

No quiero.

Tantas cosas que he hecho. Pasan como en slideshow por mi cabeza cada vez que veo un avión. No me visualizo regresando a México. ¿Qué me espera allá? ¿Qué tengo que buscar allá? ¿Por qué me voy? ¿Por qué me fui? No recuerdo mi casa. Mi casa es aqui. No recuerdo quién era. O tal vez si lo recuerdo pero lo he tratado de olvidar a lo largo de estos meses. Me encerré en esta realidad y se me olvidó quién era antes y quién debo volver a ser. ¿Volver a ser? ¿De verdad? No. No sé. ¿Quién era?
Me atormenta.
Un mes. Un mes valeria. Un mes y estas de vuelta. No. NO.
Se acabó. Kapot. Puff. El sueño. Despierta!!
Y se fue. Y no lo puedo detener. El tren se va y me deja en la estación equivocada. Y no me espera. Y me lleno de impotencia.

Te amo Bélgica.