martes, 21 de enero de 2014
sábado, 4 de enero de 2014
Start again
Me gusta el eco que se escucha cuando escribo por aquí. Me gusta sentirme sola y guiada únicamente por los sonidos de mis recuerdos. Por eso no le pido a nadie que lo lea, no invito a nadie a pasearse por mis océanos. Me gusta estar así. Conmigo.
Hoy te escribo aquí porque te lo mereces, porque hoy me haces muy feliz y porque eres la razón de tantas sonrisas inesperadas y traviesas. Porque te lo has ganado.
Me gusta... me gusta todo. El sonido del silencio cuando estamos solos, la música que nos envuelve y nos desconecta del mundo, tus manos que no se están quietas, las mías que se ponen nerviosas, tus ojos que me sonríen, tu voz en la oscuridad, los mil pensamientos que pasan por mi cabeza y las mil sensaciones que recorren todo lo demás...
Hoy te escribo aquí porque te lo mereces, porque hoy me haces muy feliz y porque eres la razón de tantas sonrisas inesperadas y traviesas. Porque te lo has ganado.
Me gusta... me gusta todo. El sonido del silencio cuando estamos solos, la música que nos envuelve y nos desconecta del mundo, tus manos que no se están quietas, las mías que se ponen nerviosas, tus ojos que me sonríen, tu voz en la oscuridad, los mil pensamientos que pasan por mi cabeza y las mil sensaciones que recorren todo lo demás...
miércoles, 7 de agosto de 2013
Silencio
Siempre hemos sabido que todo lo que sube tiene que bajar, aquello que comienza tiene un fin establecido, lo que existe se transforma. Nada es para siempre.
No me quiero anclar al pasado, pero es tan difícil. Estoy aprendiendo, adaptándome no al cambio, sino a la vida.
Pero creo que llega un momento en la vida donde entiendes realmente de qué trata todo esto, donde lo vives, lo sientes. Donde dejan de ser solo palabras y se convierten en hechos. Donde tantas cosas que te hicieron sentir en la cima del mundo... se convierten tan solo en recuerdos que vagaran por la línea del tiempo de tu vida, te miraran de lejos y poco a poco irán perdiendo color y veracidad. Y te preguntarás si tan solo fue un sueño. Si todas esas risas, esas fotografías, esas miradas... fueron solo memorias de alguien más. Alguien más joven. Alguien con más vida.
Duele tener que ser realista, aunque digan que no vale la pena serlo, uno no puede vivir en un sueño. No para siempre. Se puede vivir del sueño, respirar del sueño, despertar cada mañana para luchar por él. Pero nadie puede vivir en él. No es real. No todavía.
Se cae. Se cae de pronto a la realidad y el golpe duele tanto que nos deja atontados por varios minutos, días, quizá años. Nadie nos puede salvar. No se puede depender de nadie, estamos solos, somos individuos luchando cada quien por su cada cual.
Quiero volver, quiero volver a sentir la libertad, el deseo, la vida, la expectativa, la curiosidad... el miedo. El miedo del que tanto me quejaba. Ese miedo puro, del que vale la pena aprender. Ese miedo que no te paraliza, al contrario, te hace avanzar más rápido para que termine y a pesar de todo... siempre queremos más. Nos despierta, nos pone vivos, atentos. Es miedo del bueno.
No sé qué me espera, no sé qué sigue, no tengo un plan. Hoy es uno de esos días en los que no tengo idea de quién soy. A dónde voy. Y dudo de dónde vine. Solo estoy segura del recuerdo, de que existió en algún lugar, de que existí. Fue real. Palpable. Fue felicidad. De la buena.
No me quiero anclar al pasado, pero es tan difícil. Estoy aprendiendo, adaptándome no al cambio, sino a la vida.
jueves, 6 de junio de 2013
House of the rising song
Hace mucho que no escribía por aqui. Y podría decir que fue porque no tenía inspiración, pero la verdad es que esa excusa la utiliza la gente cuando no realizó algo y suena bonito, pasable, esas cosas ocurren. Pero detrás del “no tenía inspiración“ se esconde el “la neta no tenía ganas, ánimos, me daba hueva, se me atascó el cráneo, las neuronas se tomaron un break“
Y así es esto.
¿Qué cosa?
Todo. Hablo de todo. De los aviones que pasan por encima de mi cabeza todos los cabrones dias. Recordándome “ya te vas. ya te vas. se te acabó. de vuelta al rancho.“ Y me atormentan. Todo empezó hace dos semanas cuando nos quedamos a dormir en la escuela, yo por supuesto me dormí dentro del gimnasio. No soy tan estúpida para acampar afuera con este frío. Bo y Lies hicieron desmadre hasta muy entrada la madrugada y no me dejaban dormir. Al día siguiente nos vendrían a despertar los maestros a las putas seis de la mañana para ir a la playa a surfear A SURFEAR CON ESTE CLIMA. Coño, Bo, cállate. SHUT UP BITCH.
Y pues al final se quedaron dormidas. Todo estaba quieto. Se oía el silencio del edificio. De los salones de clases sin alumnos, ni profesores, ni tareas, ni libros. El gimnasio, donde he pasado la mayor parte de mis pesadillas, respiraba con eco. Se comía el silencio. Y me desperté. Y miré hacia el ventanal frente a mí, vi el cielo, los árboles, las vías del tren. Subí la mirada. Un avión. Con sus putas luces parpadeando, riéndose de mí. Y me cayó el veinte de que nada es para siempre. Y ahí, en el silencio y la oscuridad, acompañada pero sola a la vez, me puse a llorar.
Tengo tanto miedo.
No quiero.
Tantas cosas que he hecho. Pasan como en slideshow por mi cabeza cada vez que veo un avión. No me visualizo regresando a México. ¿Qué me espera allá? ¿Qué tengo que buscar allá? ¿Por qué me voy? ¿Por qué me fui? No recuerdo mi casa. Mi casa es aqui. No recuerdo quién era. O tal vez si lo recuerdo pero lo he tratado de olvidar a lo largo de estos meses. Me encerré en esta realidad y se me olvidó quién era antes y quién debo volver a ser. ¿Volver a ser? ¿De verdad? No. No sé. ¿Quién era?
Me atormenta.
Un mes. Un mes valeria. Un mes y estas de vuelta. No. NO.
Se acabó. Kapot. Puff. El sueño. Despierta!!
Y se fue. Y no lo puedo detener. El tren se va y me deja en la estación equivocada. Y no me espera. Y me lleno de impotencia.
Te amo Bélgica.
Y así es esto.
¿Qué cosa?
Todo. Hablo de todo. De los aviones que pasan por encima de mi cabeza todos los cabrones dias. Recordándome “ya te vas. ya te vas. se te acabó. de vuelta al rancho.“ Y me atormentan. Todo empezó hace dos semanas cuando nos quedamos a dormir en la escuela, yo por supuesto me dormí dentro del gimnasio. No soy tan estúpida para acampar afuera con este frío. Bo y Lies hicieron desmadre hasta muy entrada la madrugada y no me dejaban dormir. Al día siguiente nos vendrían a despertar los maestros a las putas seis de la mañana para ir a la playa a surfear A SURFEAR CON ESTE CLIMA. Coño, Bo, cállate. SHUT UP BITCH.
Y pues al final se quedaron dormidas. Todo estaba quieto. Se oía el silencio del edificio. De los salones de clases sin alumnos, ni profesores, ni tareas, ni libros. El gimnasio, donde he pasado la mayor parte de mis pesadillas, respiraba con eco. Se comía el silencio. Y me desperté. Y miré hacia el ventanal frente a mí, vi el cielo, los árboles, las vías del tren. Subí la mirada. Un avión. Con sus putas luces parpadeando, riéndose de mí. Y me cayó el veinte de que nada es para siempre. Y ahí, en el silencio y la oscuridad, acompañada pero sola a la vez, me puse a llorar.
Tengo tanto miedo.
No quiero.
Tantas cosas que he hecho. Pasan como en slideshow por mi cabeza cada vez que veo un avión. No me visualizo regresando a México. ¿Qué me espera allá? ¿Qué tengo que buscar allá? ¿Por qué me voy? ¿Por qué me fui? No recuerdo mi casa. Mi casa es aqui. No recuerdo quién era. O tal vez si lo recuerdo pero lo he tratado de olvidar a lo largo de estos meses. Me encerré en esta realidad y se me olvidó quién era antes y quién debo volver a ser. ¿Volver a ser? ¿De verdad? No. No sé. ¿Quién era?
Me atormenta.
Un mes. Un mes valeria. Un mes y estas de vuelta. No. NO.
Se acabó. Kapot. Puff. El sueño. Despierta!!
Y se fue. Y no lo puedo detener. El tren se va y me deja en la estación equivocada. Y no me espera. Y me lleno de impotencia.
Te amo Bélgica.
lunes, 18 de marzo de 2013
'T Straatje
Los Belgas se quejan porque hace demasiado frío para ser Marzo, que es el invierno más largo que han tenido desde hace ciento y algo de años. Ha nevado mucho los últimos dias y no veo ningún indicio de la primavera. Este hecho me deprime un poco, pero ya me acostumbre a llevar el enorme abrigo sobre mí a todos lados, se ha vuelto mi segunda piel.
Estas semanas han ido extremadamente rápidas y lentas a la vez. El día avanza sin ganas pero termina con prisa. Y tiene lógica, creo.
Es extraño abrir los ojos por la mañana y saberme acostumbrada al ambiente que me rodea, a hacer las cosas en modo automático y crear una cotidianidad temporal todos los dias. Sigo aqui. Sigo en Bélgica. En 5 dias se cumplirán siete meses de haber dejado mi casa, de haber tomado ese avión y cruzado el océano. Mi mente no lo asimila, en ocasiones tengo la sensación de que he estado aqui toda la vida, y otras veces me asusto y se me olvida a donde pertenezco. Pero en dias como hoy, cuando camino con mis audífonos hasta la estación de tren, es cuando mi mente viaja de aquí para allá y me recuerda quién era antes de estar dónde estoy, quiénes éramos y en qué nos hemos convertido. Veo sonrisas, veo música, veo lágrimas, veo abrazos, besos, miradas, momentos y una que otra botella en la colonia ocolusen.
Pienso en el día de mi regreso y aún no decido si asustarme o emocionarme. Miro a mi alrededor y todas las cosas que voy a extrañar, todas las fotografías emocionales que tengo que conservar. Primero esta “Straatje“ la pequeña calle llena de bares que se encuentra casi a un lado de la estación y solemos frecuentar casi cada viernes para hacer prácticamente lo mismo. Primero tenemos el bar del boliche a donde he ido unas tres o cuatro veces únicamente. El bar donde Rens conoció a Damiela, donde, estando a tantos meses del día de mi partida, Jaime y Carina me dijeron que el día en el que yo tuviera que irme iban a llorar. El bar donde Eva mi cito un día de Enero antes de que se fuera a la India para hablar de mi vida en Bélgica y todo lo que yo tuviera que desahogar.
Después está el Bar de la esquina “Den Bras“ o como nosotros los llamamos “El bar de siempre“, porque lo frecuentamos mucho. Nos gusta porque fue el primer bar a donde fuimos todos los Kip juntos después de una clase de neerlandes, donde Giorgia se confundió y pidió jugo de naranja en vez de cerveza, a donde fuimos después del juego de fotografías en Kortrijk y platiqué por primera vez con Karel. Ese bar ha presenciado si no todas, bastantes platicas profundas y sinceras con Damiela. Es de esos bares en los que hay buena música, a un volumen perfecto para poder sentarte y platicar por horas. Todos los caminos nos guian siempre a el “bar de siempre“.
Al lado de éste está el bar subterráneo, ese me gusta porque casi nunca hay gente y, puesto que está bajo tierra y hay que bajar unas escaleras, siento que me encuentro en el fin del mundo y nada ni nadie puede encontrarme ahí. La cerveza no es tan buena como en “den Bras“ pero el lugar es acogedor.
Luego siguen los tres bares más concurridos, donde se pone la fiesta y todo el mundo está ahí, donde es casi imposible sentarse a hablar. El primero es bastante elegante, ahí te encuentras con la clase alta de la zona y los niños bien vestidos. Es lindo el lugar pero no me agrada tanto porque hay pocas meses y siempre termino parada.
El segundo es el que más detesto y el favorito de Damiela, la música está al máximo volumen y casi siempre es Dubstep. Ahí fue donde Damiela y yo nos tomamos un vodka malísimo un día y donde en frente de Viktor la regañé y nos peleamos. Siempre está atascado de personas y estudiantes de escuelas refinadas en su mayoría, no se puede ni caminar porque es un mar de gente.
El tercero es “Stradis“ el favorito de los de mi clase, en parte porque hay happy hour y en parte porque ponen música más variada y los de la escuela asisten ahí. A mí me agrada porque tienen Desperados (cerveza con tequila) y porque tengo la oportunidad de ver a mis compañeros del colegio en un ambiente diferente donde se comportan diferente.
Me retiro. Hay deberes Belgas por hacer.
Ahora me queda esperar a la primavera y el día en el que pueda salir a la calle con mangas cortas.
Estas semanas han ido extremadamente rápidas y lentas a la vez. El día avanza sin ganas pero termina con prisa. Y tiene lógica, creo.
Es extraño abrir los ojos por la mañana y saberme acostumbrada al ambiente que me rodea, a hacer las cosas en modo automático y crear una cotidianidad temporal todos los dias. Sigo aqui. Sigo en Bélgica. En 5 dias se cumplirán siete meses de haber dejado mi casa, de haber tomado ese avión y cruzado el océano. Mi mente no lo asimila, en ocasiones tengo la sensación de que he estado aqui toda la vida, y otras veces me asusto y se me olvida a donde pertenezco. Pero en dias como hoy, cuando camino con mis audífonos hasta la estación de tren, es cuando mi mente viaja de aquí para allá y me recuerda quién era antes de estar dónde estoy, quiénes éramos y en qué nos hemos convertido. Veo sonrisas, veo música, veo lágrimas, veo abrazos, besos, miradas, momentos y una que otra botella en la colonia ocolusen.
Pienso en el día de mi regreso y aún no decido si asustarme o emocionarme. Miro a mi alrededor y todas las cosas que voy a extrañar, todas las fotografías emocionales que tengo que conservar. Primero esta “Straatje“ la pequeña calle llena de bares que se encuentra casi a un lado de la estación y solemos frecuentar casi cada viernes para hacer prácticamente lo mismo. Primero tenemos el bar del boliche a donde he ido unas tres o cuatro veces únicamente. El bar donde Rens conoció a Damiela, donde, estando a tantos meses del día de mi partida, Jaime y Carina me dijeron que el día en el que yo tuviera que irme iban a llorar. El bar donde Eva mi cito un día de Enero antes de que se fuera a la India para hablar de mi vida en Bélgica y todo lo que yo tuviera que desahogar.
Después está el Bar de la esquina “Den Bras“ o como nosotros los llamamos “El bar de siempre“, porque lo frecuentamos mucho. Nos gusta porque fue el primer bar a donde fuimos todos los Kip juntos después de una clase de neerlandes, donde Giorgia se confundió y pidió jugo de naranja en vez de cerveza, a donde fuimos después del juego de fotografías en Kortrijk y platiqué por primera vez con Karel. Ese bar ha presenciado si no todas, bastantes platicas profundas y sinceras con Damiela. Es de esos bares en los que hay buena música, a un volumen perfecto para poder sentarte y platicar por horas. Todos los caminos nos guian siempre a el “bar de siempre“.
Al lado de éste está el bar subterráneo, ese me gusta porque casi nunca hay gente y, puesto que está bajo tierra y hay que bajar unas escaleras, siento que me encuentro en el fin del mundo y nada ni nadie puede encontrarme ahí. La cerveza no es tan buena como en “den Bras“ pero el lugar es acogedor.
Luego siguen los tres bares más concurridos, donde se pone la fiesta y todo el mundo está ahí, donde es casi imposible sentarse a hablar. El primero es bastante elegante, ahí te encuentras con la clase alta de la zona y los niños bien vestidos. Es lindo el lugar pero no me agrada tanto porque hay pocas meses y siempre termino parada.
El segundo es el que más detesto y el favorito de Damiela, la música está al máximo volumen y casi siempre es Dubstep. Ahí fue donde Damiela y yo nos tomamos un vodka malísimo un día y donde en frente de Viktor la regañé y nos peleamos. Siempre está atascado de personas y estudiantes de escuelas refinadas en su mayoría, no se puede ni caminar porque es un mar de gente.
El tercero es “Stradis“ el favorito de los de mi clase, en parte porque hay happy hour y en parte porque ponen música más variada y los de la escuela asisten ahí. A mí me agrada porque tienen Desperados (cerveza con tequila) y porque tengo la oportunidad de ver a mis compañeros del colegio en un ambiente diferente donde se comportan diferente.
Me retiro. Hay deberes Belgas por hacer.
Ahora me queda esperar a la primavera y el día en el que pueda salir a la calle con mangas cortas.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Una canzone
Los Belgas dicen que no hace tanto frío como el año pasado y que hace mucho calor para ser Diciembre. Se quejan de que no neva lo suficiente y que así no pueden sentir el espíritu navideño. Yo, por mi parte, estoy feliz de que esta semana no haya hecho tanto frío, lo que si es que ha llovido como si hubieran dejado la regadera abierta en el cielo. Desde en la mañana hasta en la noche sin parar, ni siquiera unos cinco minutos de descanso.
En fin, hoy toca la cena de navidad. Mi familia es un poco fría en cuanto a preparativos navideños así que si yo no aceptaba cocinar ellos iban a comprar pan y jamon para cenar y eso sería todo.
Me gusta mucho estar en la cocina mezclando cosas y oliendo la comida, inventando recetas y ensuciando todo. Pero mi parte favorita es cuando la gente prueba lo que he preparado y dicen “Tis heel lekker eh!“. Por eso hoy me pone nerviosa preparar la cena, en primera en mi vida he hecho Cochinita pibil, en segunda son 15 personas a complacer y en tercera... mi abuela no está aqui pa' echarme la mano. ¿Y ahora? No queda más que seguir la receta y tratar de improvisar un poco como suelo hacerlo. Espero que mi cena no fracase.
En cuanto a él, lo vi hace dos dias. Esta vez no me entristecí cuando me di cuenta que sigue sin revertir el cambio que sufrió hace unos meses. Esta vez ya no llevaba esperanzas de que el viejo él volviera. Y así fue, no volvió. Pero ya me acostumbré y me di cuenta de que no importa cuántos cambios sufra o que tan poco pueda conversar con él. Me gusta a pesar de todo. Pasa el tiempo y nada cambia. Y ya me acostumbré a eso también.
Así que este Jueves, cuando estemos en Paris, llueva o neve... voy a hacerlo y no se lo voy a contar nadie. Ni siquiera a él. Y entonces esperemos que, al menos por unos segundos, vuelva a ser el que solía conocer hace unos meses.
El 2 de Enero sale mi vuelo rumbo a Italia. Estoy tan feliz que no puedo ni demostrarlo. No puedo creerlo. La emoción me invade a mil por hora y nada ni nadie va a impedir que este viaje sea perfecto. Desde que tengo uso de razón mi único sueño y meta en la vida es ir a ese pais. Al pais de donde sé que soy. De donde viene la primera raiz. Y le voy a sonreír a mi abuelo cuando esté en su tierra y estoy segura él sonreirá también.
En fin, hoy toca la cena de navidad. Mi familia es un poco fría en cuanto a preparativos navideños así que si yo no aceptaba cocinar ellos iban a comprar pan y jamon para cenar y eso sería todo.
Me gusta mucho estar en la cocina mezclando cosas y oliendo la comida, inventando recetas y ensuciando todo. Pero mi parte favorita es cuando la gente prueba lo que he preparado y dicen “Tis heel lekker eh!“. Por eso hoy me pone nerviosa preparar la cena, en primera en mi vida he hecho Cochinita pibil, en segunda son 15 personas a complacer y en tercera... mi abuela no está aqui pa' echarme la mano. ¿Y ahora? No queda más que seguir la receta y tratar de improvisar un poco como suelo hacerlo. Espero que mi cena no fracase.
En cuanto a él, lo vi hace dos dias. Esta vez no me entristecí cuando me di cuenta que sigue sin revertir el cambio que sufrió hace unos meses. Esta vez ya no llevaba esperanzas de que el viejo él volviera. Y así fue, no volvió. Pero ya me acostumbré y me di cuenta de que no importa cuántos cambios sufra o que tan poco pueda conversar con él. Me gusta a pesar de todo. Pasa el tiempo y nada cambia. Y ya me acostumbré a eso también.
Así que este Jueves, cuando estemos en Paris, llueva o neve... voy a hacerlo y no se lo voy a contar nadie. Ni siquiera a él. Y entonces esperemos que, al menos por unos segundos, vuelva a ser el que solía conocer hace unos meses.
El 2 de Enero sale mi vuelo rumbo a Italia. Estoy tan feliz que no puedo ni demostrarlo. No puedo creerlo. La emoción me invade a mil por hora y nada ni nadie va a impedir que este viaje sea perfecto. Desde que tengo uso de razón mi único sueño y meta en la vida es ir a ese pais. Al pais de donde sé que soy. De donde viene la primera raiz. Y le voy a sonreír a mi abuelo cuando esté en su tierra y estoy segura él sonreirá también.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Carousel
El frio aumenta todos los dias, ya llegó la nieve y junto con esta un montón de emociones que todavía no logro desenredar. Es como una mezcla entre mucha alegria contenida, comienzo de cotidianidad, nostalgia, chocolate y pies frios. Bélgica me da algo nuevo todos los dias y eso me gusta, a veces me trata con mano dura y otras veces me libera para que de pasos bajo mi propio riesgo. No es fácil. Nadie dijo que sería. Y me gusta así.
Mis ojos descubren un montón de cosas que no sabía que estaban ahí y, en ocasiones, me dejo llevar por la atmósfera y sonrío en los lugares más inesperados. Muchas veces me ha pasado que mi cerebro deja de oir la música para concentrarse en otras cosas y es entonces cuando consigo que mis dedos bailen de aqui para allá en el teclado y ese peculiar sonidito de los botones inunde la habitación, transportándome a mi hogar y, luego, a ningún lado.
Hay tantas cosas que contar que me cuesta ordenarlas para poder plasmarlas. Y ahora que lo pienso es un poco tonto porque las pocas cosas buenas que he escrito en mi vida son un desorden y nunca me paré a organizarlas con anticipación.
Aún vivo en el bloqueo, ya hizo un año y medio desde la última vez que escribí un guión de principio a fin en una sentada y me sentí satisfecha. Ahora, no importa cuanto intente, ese muro frente a mí no me deja ingresar al mundo de las historias, aquel mundo que me abría siempre sus puertas. Siempre. Y ya no. No más.
¿Por qué?
jueves, 1 de noviembre de 2012
Mañana
Y ahora que me pongo a pensar me pregunto muchas cosas, muchas cosas que pude haber preguntado la noche anterior. La tercera noche. Y la última.
Me condujiste a la habitación de los sillones y el póster de los beatles, acomodaste las cobijas y me ayudaste a dormir. Susurraste cosas en muchos idiomas, besaste mi frente y me contaste tus aventuras. Recorriste mi rostro con tu dedo indice y prometiste muchas cosas. Me abrazaste más fuerte y te quejaste de la vida. Sonreíste en la oscuridad y me contajiaste. Dijiste que yo lo podía todo. Que para finales de noviembre todo sería mejor.
-You had the best year of your life.
-Im having the best years of my life.
Me quedé dormida con tu respiración en mi rostro y tus manos a mi alrededor.
La segunda noche, una semana después, hacía frío. Prendiste el calentador y nos sentamos todos juntos a escucharte mientras contabas la historia de tu familia, de un padre que no te habla, una madre que te olvidó y una hermana que te abandonó. Nos mostraste la fotografía de tu abuelo, el mejor hombre que hay en tu vida. Sacaste los albumes del cajón y nos contaste la historia de cada fotografía. Sonreí mucho.
Me llamaste a tu lado después de un rato y me contaste de Brazil, de tu verdadera familia y de ese año en el que aún sigues viviendo. Me abrazaste y volviste a negarme un beso, dijiste que no estaba bien y yo lo entendí. Pero el ambiente de la noche nos arrastró poco a poco hasta que no tuvimos fuerzas y nos dejamos llevar un poco. Te detuviste y dijiste que era muy difícil. Me abandoné al sueño entre tus brazos.
La siguiente semana y la siguiente y la que vino después de esa... no me hablaste. Los mensajes tuyos a los que ya estaba acostumbrada cesaron y comencé a sentir poco a poco cómo me ignorabas. Me retorcía en duda y frustración. Revisaba el celular y me preguntaba qué cosa había hecho mal.
La tercera noche, hace unas horas, un muchacho de dieciocho años me perseguía y trataba de besarme. Corrí hacia la primera puerta que encontré y salí a la calle, donde te encontré parado. Me miraste con cara de duda y quisiste preguntar algo, pero no te lo permití, te tomé de la mano y te conduje por la calle rápidamente. Sin explicaciones aún así me seguiste. Te dije que huía. Te reíste.
Era un edificio, había papel pegado al suelo anunciando que estaban pintando, era extraño y oscuro. Pero era el único lugar donde podíamos resguardarnos del frío.
-¿You have feelings for me?
Gracias. Dentro de mí te di las gracias por preguntar, por hacer las cosas directas y sin rodeos. Por dejarme ser sincera y por una vez en la vida no tener miedo a responder. Me abrazaste, me explicaste la razón de tu silencio. Dijiste que no querías lastimarme, que no querías entrometerte en mi año, que ibas a dejar de hablarme y que yo tenía que disfrutar al máximo mi momento. Que tú te apartarias, que estabas arruinándome todo. Yo sonreía, asentía, lo entendía. Me quebré por dentro. Todo lo que había sostenido... se quebró.
Esa conversación a oscuras la grabé en mi memoria para no olvidarla nunca, grabé tu sonrisa y tus palabras, tus disculpas y la promesa de que ya no volverias a molestarme, ya no ibas a hablarme como antes y te apartarias. Dijiste que no querias hacer de mi mente un desastre. Pues puedo decirte que ahora está hecha más un desastre de lo que estaba antes de aquella conversación.
Y ahora vengo y lo escribo, para curarme, para dejarlo ir, para respirar y volver a ser la que era antes del 5 de octubre. Para que quede grabada la lección y no se me olvide nunca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
